Resiliencia: un ‘palabrejo’ de moda entre los gurús

 

De un tiempo a esta parte, la mayoría de gurús del desarrollo personal hablan de la ‘resiliencia’ (palabra de la que, hasta hace cuatro días no había oído hablar ni Dios) como una de las grandes virtudes y necesidades del ser humano en tiempos de crisis y dificultad.  Yo mismo, en alguna ocasión, me he dejado llevar por esa corriente y he cantado una loa al palabrejo en cuestión: La resiliencia como ingrediente de éxito en medio de los fracasos

 

La definición de ‘resiliencia’ advierte de su peligro

 

Sin embargo, hoy he caído en la cuenta de que la resilencia no es la panacea, por muy necesaria que sea en determinadas circunstancias.  ¿Por qué?  En su propia definición encontramos la respuesta.  Según el diccionario de la RAE, la resiliencia es la capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido.  Por analogía, se aplica en psicología para referirse a la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos.

 

No siempre es bueno volver al punto de partida

 

Y, aunque es importante ser flexible para adaptarse al cambio y ser elástico para no quebrarse ante la presión, la resiliencia implica la idea de recuperar el estado inicial, de volver al punto de partida…  Y es esto lo que hoy he percibido que no basta porque implica que no atendemos -ni aprendemos- de la causa de la presión o crisis que nos golpea. 

Está claro que, en ocasiones, habrá que resistir y volver donde estábamos pero -en una mayoría de casos- la crisis tiene algo que enseñarnos y debemos dejarnos desplazar a otro lugar para continuar desde él nuestro camino, porque volver al punto de partida implicaría recuperar la forma de vida que ha provocado la crisis…  Y no podemos esperar que suceda algo distinto si seguimos haciendo lo mismo.

Así que cuidado con la resiliencia, no vaya a ser que nuestro afán de volver donde estábamos, de recuperar la vida que hemos perdido a causa de una crisis, nos lleve a caer de nuevo -una y otra vez- por la pendiente que conduce al abismo, en un ciclo sin fin que se convierta en un infierno.

Flexibles sí, pero aprendiendo de lo que venga, cambiando, moviéndonos, tomando nuevos caminos y buscando nuevos horizontes.

A la mierda con la resiliencia cuando ésta implica ceguera y cabezonería…  ¡Que no son pocas veces!

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