¿Ser ‘espiritual’ es de friki?

Puede que yo sea un friki, que mi pasión por la espiritualidad, el simbolismo y las tradiciones religiosas y de sabiduría de la humanidad tenga algo de excesivo o extravagante.  Puede que sí, que no sea lo habitual en un mundo que mira con recelo, superioridad o desprecio a la religión…  Cuando se la mira, porque lo más común es que sea la gran olvidada…  Al menos por nuestros lares.

Lo espiritual, ¿está o no está de moda?

La religión no está de moda, y lo auténticamente espiritual…  Tampoco.  Lo que se lleva es el materialismo espiritual o la espiritualidad materialista, el consumismo de experiencias saciantes y narcotizantes en lugar de liberadoras.  ¡Hemos transformado en producto las prácticas espirituales vaciándolas de sentido!  ¡Usamos el mindfulness para trabajar 15 horas diarias sin estresarnos en lugar de para darnos cuenta de que trabajar 15 horas diarias a cambio de un sueldo estratosférico es un mal negocio!  ¡Hemos convertido la práctica de vipassana en un taller de fin de semana!  ¡La confesión es algo parecido a una tintorería y la oración una salmodia mágica para obtener nuestros más egoístas anhelos!

Entiéndeme bien, estoy generalizando, hablando de tendencias…  Y eso siempre resulta injusto en los casos concretos…  Pero nos ayuda a reflexionar.  De hecho, si estás leyendo este blog, mucho me temo que no será tu caso, ya que no es ése el espíritu que inspira mis escritos…  Y no creo que me leas para hacerte violencia día tras día.

Los tres males que afectan a lo religioso

Lo religioso, decía, está afectado por tres males:

  1. La debilidad humana:

    Ahí tenemos los casos de abusos que avergüenzan a los creyentes y practicantes de las distintas tradiciones, pues la mayoría se están viendo afectadas.  ¿Cómo es posible?  Muy sencillo, porque la debilidad es propia de nuestra humanidad, independientemente de nuestro credo, y en todas partes conviven los ángeles con los demonios.  Y esos demonios, en el seno de las tradiciones religiosas, les causan a éstas un daño terrible en su vertiente institucional.

  2. La perversión de lo religioso:

    Perversión supone una inversión, un darle la vuelta a lo que debería ser para convertirlo en otra cosa.  Lo mencionábamos antes: es una perversión tomar una práctica religiosa llamada a religarnos con lo trascendente, con los demás, con el cosmos y con nosotros mismos, pensada para descentrarnos y liberarnos de nuestro egoísmo y reconvertirla en un negocio que, amparándose en el narcisismo espiritual, procura ‘atarnos’ a prácticas, cursos y talleres para hacer cajón…  ¿Captación y fidelización de clientes en lugar de liberación y religación?  ¡Eso no es religión!

  3. El analfabetismo espiritual:

    Denomino con este término a la ignorancia de todo lo relacionado con el espíritu, con lo invisible.  Simplemente lo desconocemos, vivimos como si no existiera, pasando por alto su enorme importancia a nivel antropológico, cultural y social.  Es imposible entender la historia, el arte o incluso la filosofía de la sociedad europea sin profundizar un poco en las creencias espirituales y religiosas…

Un ejemplo de analfabetismo espiritual y religioso

Cuando hablo del analfabetismo espiritual no lo hago teorizando, lo he vivido de cerca.  Todavía recuerdo que, hace unos años, hablando con un primo de mi esposa (que por aquél entonces era un preadolescente hijo de una familia con un nivel cultural alto y con una tendencia política de carácter progresista) salió el tema de Jesús de Nazaret…  Preguntó de quién se trataba y, tras algunas aclaraciones, puso ojos de entendimiento y gritó: ¡Ah, el de la vida de Brian!  (Para quienes no lo sepáis, ‘La vida de Brian’ es una comedia de los Monty Python).  A mí, en ese momento, se me cayó todo al suelo…  Pero me duele más comprobar que 20 años más tarde, su idea de Jesús es prácticamente la misma.

¿Qué está pasando con la formación religiosa?

Pero no es algo que suceda sólo en ambientes ‘progres’ o de marcado carácter ‘antirreligioso’.  Es una pena comprobar la formación espiritual y religiosa que tienen muchas personas que han estudiado en colegios religiosos…  En muchos casos, no ha ido más allá de la catequesis de la Primera Comunión…  Y ni nos sirve ya el traje o vestido que usamos ese día, ni nos pueden servir las explicaciones que nos dieron.  En otros casos, se les ha dado una buena formación doctrinal pero se ha pasado por alto la vertiente experiencial de la espiritualidad, por lo que la religión ha sido poco más que otra asignatura sometida al principio de ‘materia aprobada, materia olvidada’.  Y así nos va.

Algunos, desde una posición esencialmente conservadora, afirman que la situación actual es el resultado de haber abandonado las antiguas formas de educación y vivencia de la religión que se practicaban antes del Concilio Vaticano II.  Que lo de antes sí que funcionaba…  Yo no lo veo tan claro, especialmente si tomo en cuenta que las legiones de analfabetos espirituales son hijos de quienes vivieron esa formación y, ni han vivido conforme a lo que les ‘enseñaron’ ni han transmitido esas creencias ni ese modo de vivir a sus hijos…  Así que poco caló en sus padres esa forma de espiritualidad.

¿Hay espacio para la esperanza?  ¿Qué podemos hacer?

Me acabo de dar cuenta de que hoy me está saliendo un post especialmente crítico, así que voy a tratar de ponerme en ‘modo positivo y esperanzado on’ para ver qué podemos hacer ante la situación actual:

  1. Quienes vivimos con el convencimiento de que lo trascendente es un tesoro, tenemos la dicha y el deber de compartirlo con quienes nos rodean para que también ellos puedan enriquecer sus vidas…  Especialmente quienes más necesitados están de luz y sentido.
  2. Compartir no es hacer proselitismo ni imponer...  Hoy en día basta con, simplemente, no ocultarnos.  No hay mejor tarjeta de presentación que la alegría que nace de nuestra vivencia interior.
  3. El mundo está en permanente cambio, y hay que adecuar nuestro lenguaje a él.  Jesús hablaba el lenguaje de su tiempo, y se refería al campo, a las semillas, a la pesca… etc.  ¿Cuáles son nuestros referentes, nuestros conceptos, nuestras ideas fuerza, las imágenes capaces de ejercer de símbolo que nos conecte con lo invisible?
  4. Los medios técnicos y la globalización ponen a nuestro alcance las sabidurías y vivencias espirituales de los más recónditos lugares de la tierra.  Es tiempo de enriquecernos con ellos, de aprender de ellos, de salir de nuestras particularidades para abrirnos a un Dios, a un Absoluto, a un Trascendente o a un Misterio ‘semper maior’.

Termino como he empezado: reconociendo que puede que yo sea un poco friki.  Pero es que estoy convencido de que la espiritualidad es un tesoro, una dimensión del ser humano sin la cual no se puede vivir plenamente.  Y me duele pensar que haya quien sufra porque, simplemente, no la ha conocido.  Porque es una víctima inocente del analfabetismo espiritual que tanto daño está causando a nuestra sociedad.

Abrirnos, vivir, experimentar y compartir.  Con eso basta.

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