Hacía tiempo que no escribía en el blog.  La vida tiene sus tiempos y sus ciclos, y hay que ser respetuoso con éstos si quieres llevarte bien con ella.  Me ha tocado volcarme en la formación y el trabajo, aparcando las meditaciones que suelo compartir con todos vosotros…  Así que, aunque un poco tarde: ¡feliz año nuevo!, y que sea éste el comienzo de una vida mejor.

Ahora que ya han pasado todas las celebraciones y fiestas navideñas, imagino que -además de agotados y con algo de sobrepeso- nos encontraremos llenos de proyectos e ilusiones: dejar de fumar, perder peso, caminar cada día, ir al gimnasio, ser más cariñosos con nuestra pareja, jugar más con nuestros hijos, dedicar un tiempo cada mañana a la meditación (o a la oración), ascender en nuestro trabajo (o cambiar de empleo), leer más, sonreír más, discutir menos…  Cada uno lo suyo.

¿Por qué tenemos todos esos planes?  Porque el fin de un ciclo y el comienzo de un año nuevo nos invitan a renovarnos también a nosotros mismos, a una muerte a lo peor de nuestra personalidad y al renacimiento de un yo mejor.  Queremos vivir mejor, y la confianza en que es posible nos llena de ilusión.

Pero con la ilusión no basta: el desarrollo personal precisa de introspección (para conocer mejor nuestras más auténticas necesidades y anhelos), de meditación y oración (para discernir a qué estamos llamados en nuestras actuales circunstancias), de planificación (para concretar objetivos y medios para alcanzarlos), de trabajo (porque el desarrollo personal y espiritual requiere de voluntad y constancia) y de paciencia, mucha paciencia, porque mil veces caeremos y erraremos, y nos tendremos que levantar con renovadas fuerzas, alegría y esperanza.

No esperes lograr una vida perfecta en 2020.  Conténtate con conseguir una vida mejor.  Escoge tres cosas de tu vida con las que no te sientas a gusto.  Escríbelas en un papel.  Plantéate seriamente si son cosas que puedes cambiar.  Si la respuesta es afirmativa, apunta al lado de cada una qué puedes hacer para que a final de año sean de otra manera.  Divide ese trabajo en 12 meses, y después en semanas…  Y cada domingo por la mañana, pregúntate si has hecho durante esos siete días lo que tenías programado, o no.

Si es que sí, felicítate por ello y da gracias a Dios, o al Universo, o a quien quieras, por haberte facilitado las fuerzas, discernimiento y circunstancias que te han llevado a lograrlo.  Si es que no, pregúntate qué es lo que ha fallado y qué puedes hacer para corregirlo durante la semana siguiente, haciendo lo que tenías planeado y lo que no has hecho durante la semana anterior.

No sé si a final de año habrás logrado tus tres objetivos, no es posible saberlo.  Pero de lo que sí que estoy seguro es de que, si sigues este sencillo método, en diciembre tu vida será mucho mejor de lo que es ahora…  Y tú serás más feliz.

Como siempre, te invito a que recorramos juntos este camino…  Y, si te animas, comparte como comentario alguno de sus objetivos para 2020…  Ponerlo por escrito públicamente ayuda a obligarte a intentar cumplirlo  😉

Daré ejemplo y empezaré yo.  Para este 2020 tengo previsto:

  1. Ser mucho más transparente en mis relaciones, diciendo lo que pienso sin ocultar lo que me gusta o disgusta, sin represión pero con caridad.
  2. Seguir profundizando y ampliando lo que he aprendido en la formación de los últimos meses, y aplicarlo a mi trabajo diario con la profunda transformación que implica de métodos y tareas.
  3. Este tercer objetivo me lo reservo, ya que pertenece a la parte más íntima de mi persona y relaciones.

Y tú, ¿qué piensas lograr en 2020?

Share This