Los seres humanos somos de lo más peculiar: nos acostumbramos a todo, a lo bueno y a lo malo.  Está claro que es una forma de sobreponerse al día a día, pero también es una trampa peligrosísima.  Porque nos ‘apoltrona’, nos vuelve pasivos, mata nuestras pasiones, nuestros retos y nuestros placeres.

Hoy te voy a proponer un ejercicio que ya recomendaban los clásicos para enfrentarse a la pérdida de interés y disfrute por las cosas que acompaña a la habituación, a la rutina, a la costumbre.  Consiste en renunciar temporalmente a algo que nos encantaba y que ahora ya no supone propiamente un placer.  Puede ser algo tan simple como tomarse un café bien caliente a primera hora de la mañana mientras se leen las noticias o se hace oración; puede ser ir a caminar a primera hora de la mañana para despertarte junto al sol y contemplar el amanecer mientras te pones en forma; puede ser disfrutar de una buena lectura antes de acostarte; puede ser el encuentro mensual con ese amigo; puede ser esa partida de cartas; puede ser una copa de vino o, incluso, ese encuentro íntimo con tu pareja…  ¿A cuántas parejas se les acaba la pasión en cuanto formalizan su relación?

Escoge cualquiera de estas cosas (o alguna otra que para ti fuera un gustazo y que hoy en día ha perdido gran parte de su intensidad) y renuncia a ella durante un mes.  Si, sí…  Un mes.  Un mes sin café, sin salir a caminar o a correr, sin lectura nocturna, sin verte con tus amigos, sin jugar a cartas, sin tomar una gota de vino o sin sexo…  Verás cómo se reactiva tu interés, cómo se incrementa tu deseo, cómo recuperas la pasión perdida.  Cómo lo disfrutas pasado un mes.

Renunciar para recuperar.  Simple pero efectivo, al modo de los clásicos…  Que por eso lo son.  😉

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