Nos ha tocado vivir en una época en la que todo nos empuja a convertirnos en meros espectadores, en personas que miran a su alrededor como quien contempla un espectáculo, un entretenimiento, una serie.  Miramos desde la distancia, sin implicarnos, sin dejarnos tocar por una realidad que -poco a poco- parece que deja de serlo.

Algunos van un poco más allá y deciden ser testigos, implicarse en lo que ven llamando la atención de los demás sobre aquello que les conmueve, para bien o para mal.  Son mensajeros de la realidad, intermediarios entre ella y nosotros.

Pero existen también los testimonios, personas cuya vida -su ser y su hacer- es su mensaje.  Son quienes han visto, se han conmovido y no se limitan con expresar lo que han percibido sino que han decidido vivirlo, transformar su existencia en función de su experiencia.

Estos últimos, los testimonios, son la semilla que transforma el mundo. 

¡Ojalá tengamos la sensibilidad para sentirnos tocados por la realidad y la fuerza de voluntad para movernos en la dirección en la que ésta nos guía!

Porque vivir es más que un espectáculo.  Vivir debe ser la mayor de las aventuras…  Una aventura compartida en la que uno no se salva solo.

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