El Día del Padre no va de comprar regalos

Hoy se celebra el Día del Padre, una fecha importante para reflexionar y dedicarle un tiempo a papá…  Y a nuestros hijos.

Por favor, no dejes que el día de hoy quede reducido a ‘cumplir’ comprando un regalo con desgana para ese hombre que te dio la vida, que te cuidó y que -con sus aciertos y equivocaciones (como todos)- te llevó a ser quien eres hoy.

Hay algo más -mucho más- más allá del mercado, del comercio, del consumo, de la compra compulsiva que parece que quiere obligarnos a hacer regalos que sean objetos, en lugar de la entrega de nosotros mismos.

El mejor regalo para el Día del Padre

¿De veras quieres saber cuál es el mejor regalo para el día del Padre?  Ten en cuenta que mi respuesta te va a complicar la vida…  Porque el mejor regalo no puede comprarse en una tienda.  El mejor regalo eres tú y, de algún modo, tienes que entregarte.  Y eso no es fácil…  Te va a tocar visitar a papá y decirle lo que nunca le has dicho, abrirte como nunca lo has hecho, escribirle una carta en la que cada frase sea un surco de tu alma.  Ése es el mejor regalo que le puedes hacer a un padre, te lo digo yo que tengo cinco hijos.

Pero, ¿qué decirle?  Si no quieres limitarte a frases hechas, a superficialidades y ñoñerías, te va a tocar pensar un poco sobre él, sobre su papel como padre, sobre lo que ha hecho por ti, sobre todo aquello a lo que ha renunciado por ti, sobre el modo en que te quiere y te ha querido…

Si te parece, podemos hacer parte del camino juntos…

Ser padre no es un capricho

Aunque hoy en día hay gente para todo y hay personas que deciden tener hijos ‘porque les apetece’ o ‘para sentirse realizados’ -esto es, por motivos egoístas- lo cierto es que la paternidad es un acto de generosidad que surge de un desbordamiento del Amor. Tanto amas a tu pareja que quieres eternizar su ser -y vuestra unión, que os plenifica- y eso se logra mediante la perfecta comunión de los cuerpos y las almas que da lugar a una nueva creación, a una nueva vida, a un nuevo ser que es distinto de sus padres pero tiene mucho de cada uno de ellos, imagen y semejanza de su complementariedad.

Cada uno de nosotros, resulta bonito pensarlo, es fruto del amor, de la unión y de la entrega…  Y tal vez por eso mismo estamos llamados de por vida al amor, a la unión y a la entrega.

Ser padre es sacrificado

Más allá del subidón que supone oír el primer sollozo de tu hijo, o sujetarlo por primera vez entre tus brazos, tener un hijo es sacrificado.  Porque cuando un hijo entra por la puerta, la paz y la tranquilidad se marchan por la ventana.  Se acabó el estar tranquilo. Y no lo digo sólo por los lloros, las enfermedades, los pañales, los biberones, el dolor por los primeros dientes o los juegos malabares que tiene que hacer uno con su economía para que le cuadren los números…  No, la tranquilidad desaparece porque amas a ese pequeño ser y -por eso mismo- te ocupas de sus necesidades presentes y te preocupas por sus necesidades y dificultades futuras.

Piénsalo, tu padre renunció a su tranquilidad por ti.

Ser padre es una vía espiritual

No me importa si eres una persona espiritual o no, si eres religiosa o no…  Bueno, sí me importa, pero no para lo que quiero comentar ahora contigo.  Participes o no de una tradición espiritual, debes saber que un punto que todas ellas tienen en común es que nos animan a descentrarnos de nosotros mismos, nos animan a superar el egoísmo para volcarnos en los demás.

Pues créeme, hay pocas vías más efectivas y prácticas para desarrollar la generosidad y el desapego que el ser padre.  Rectifico, que ser un buen padre…  Porque también hay padres que habría sido mejor que se compraran un peluche.  Un buen padre es el que vive para desarrollar lo mejor de sus hijos, y a ello dedica su vida, subordinando a ese objetivo sus gustos y apetencias.  El centro de su vida no es su ombligo sino el de sus hijos.

No me importa si crees o no en Dios.  Si has hecho de tus hijos el centro de tu existencia, estás en el mejor de los caminos.

Y, piénsalo, ¿has sido tú el eje sobre el que giraba la rueda de la vida de tu padre?

Ser padre es una fuente de alegrías…  Y de disgustos

Tus hijos te hacen disfrutar, es una gozada compartir sus primeras palabras, sus primeros pasos, sus primeros goles, sus primeras lecturas, sus primeros logros, sus primeros éxitos, sus primeras ilusiones, sus primeros sueños y sus primeros amores.

Pero toda cara tiene su cruz, y también te corresponde -como padre- acompañarles en sus primeras preocupaciones, en sus primeras caídas, en sus primeros fracasos, en sus primeras equivocaciones, en sus primeras decepciones, en sus primeros desamores, en sus primeras discusiones…  Y en las segundas, y en las terceras…

Porque hacer de nuestros hijos la mejor imagen de sí mismos implica animarles, acompañarles y empujarles para que superen sus peores inercias, tratar de que pulan sus defectos y saquen brillo a sus virtudes, y eso exige un esfuerzo que a menudo crea tensiones…  Y disgustos.

Es lo que tiene, no trates de ahorrártelo si quieres ser un buen padre.

Y tú, como hijo o como hija… ¿Has pensado alguna vez los malos tragos que pasó tu padre para intentar que tomaras las mejores decisiones que te han llevado a ser quien hoy eres?

No existe el manual del buen padre, pero sí los referentes

Sería fantástico que los niños llegaran al mundo con un manual de instrucciones bajo el brazo, una especie de ‘Manual del buen padre para dar a luz lo mejor de su hijo’…  Pero no, lo de ser padre no es una técnica sino un arte…  Que se aprende con la práctica, a base de equivocaciones que sufren nuestros hijos, y nosotros por haberlas cometido.

No hay un manual, pero sí que existen personas a las que podemos tomar como referentes.  Tal vez nuestros propios padres, tanto si lo hicieron bien, como si fueron un desastre.  Si acertaron, para tomarlos como ejemplo.  Si fueron nefastos, para aprender de ellos todo lo que no queremos hacer con nuestros hijos.

Pero seamos justos con nuestros padres, porque ellos no fueron perfectos, como tampoco son perfectos nuestros hijos…  ¡Pero es que nosotros tampoco lo somos!  Y es importante que lo recordemos, porque tomar consciencia de nuestras limitaciones y equivocaciones nos ayudará a ser más tolerantes con las de los demás.

Papá es imperfecto, pero quiere ser mejor por ti

Así es, ni tú ni yo somos perfectos.  Pero el amor por nuestra pareja y por nuestros hijos es un potentísimo motor para tratar de mejorar, de cambiar, de pulirnos.  Porque queremos que las personas a las que amamos puedan disfrutar de la mejor imagen de nosotros mismos, porque queremos evitarles sufrir lo peor de nuestra forma de ser.

Pensemos que a nuestros padres les habrá sucedido algo parecido.  Seguro que han tenido mil defectos y habrán cometido mil equivocaciones pero -si no son de esos que habría sido mejor que se compraran un peluche- seguro que también han hecho un esfuerzo por cambiar para que tú -sí, tú- tuvieras un padre un poco mejor.  Valóralo, porque el esfuerzo lo merece.

Un padre lo da todo sin exigir nada a cambio

En una sociedad mercantilista y egoísta como la que se nos propone, ser padre es un mal negocio…  De ahí que la natalidad esté por los suelos.  Darlo todo -con alegría- sin esperar ni exigir nada a cambio, sin contraprestación.  Terrible negocio, ¿o no?

Pero es que esto no es un negocio, es un acto de amor.  Y eso no puede olvidarse porque lo cambia todo.  Cuando un padre mira a su hijo, no ve en él el tiempo, el esfuerzo o el dinero que ha invertido durante sus años de vida, sino que descubre en sus ojos al que puede llegar a ser.  Un padre mira a su hijo como Dios nos mira a cada uno de nosotros, maravillándose ante lo fantástico que sabe que está llamado a ser.

¿Qué padre no se inclina y postra su vida ante la grandeza que intuye que promete la semilla de esa nueva vida que ha surgido fruto de su desbordamiento de amor?  El padre está mientras se le necesita, y se retira cuando el hijo necesita espacio para extender sus alas y volar.

Papá siempre te animará a más, pero te querrá igual si haces menos

Un padre no ama a su hijo por sus resultados, ni tan siquiera por sus capacidades, sus dones ni su esfuerzo.  Tu padre te quiere, simplemente, porque eres.  El simple hecho de que seas, de que existas, ya es tan maravilloso para él que lo deja anonadado.

Él te ha traído aquí y él tratará de mostrarte el camino para que llegues -feliz y seguro- a donde intuye que puedes llegar.  Con exigencia, con ánimos, pero respetando tu libertad.

¡Claro que le entristecerá que te contentes con volar como una gallina cuando sabe que estás llamado a surcar los cielos como un águila!  Le dolerá por ti, porque te quiere, porque sabe la grandeza que hay en ti…  Pero te querrá igual aunque jamás levantes el vuelo, y siempre estará ahí, a tu lado, cultivando la esperanza de que llegará un día en el que adquirirás la confianza necesaria para extender tus alas.

Tu padre no quiere que seas como él, sino tu mejor tú

Un padre tiene sueños para sus hijos… ¡Claro que sí!  Pero esos sueños no son sus proyectos frustrados, no son que te parezcas a él, no son que sigas sus pasos…  Porque puede que su vida haya sido completa y feliz, pero eso no es porque haya encontrado el camino que conduce a la felicidad sino porque ha encontrado su propio camino hacia su felicidad…  Y, por eso mismo, el sueño de todo padre es que su hijo encuentre su propio camino hacia su propia felicidad.

Porque cada uno de nosotros es distinto, tiene distintas necesidades, distintas capacidades y un temperamento distinto.  Cada uno tiene una naturaleza propia, una esencia, que nos lleva a encontrar la realización y la felicidad en lugares distintos.

Tu padre lo sabe porque también lo ha vivido, él no era su padre…  Y sabe que tú no eres él.  Su sueño no es que le imites, es que florezcas, que muestres la mejor y más bella imagen de ti mismo, que desarrolles todo tu potencial, que puedas mirarte al espejo y gritar: olé, olé y olé.

El hijo crece y el padre mengua

Los padres están permanentemente presentes en el comienzo de nuestra existencia porque, si no lo estuvieran simplemente moriríamos.

A partir de la adolescencia, a medida que nos estructuramos como personas, ellos nos van dejando espacio, nos dejan crecer, nos animan a desarrollarnos…  Al mismo tiempo que ellos sienten que sus capacidades se deterioran, que su salud y su fuerza desaparece, que su seguridad se tambalea ante la vivencia de una fragilidad que recuerda a la de la infancia…

Uno nace frágil y dependiente, y muere frágil y dependiente.  Al principio de nuestra existencia somos arropados por unos padres que nos cubren de cuidados y cariños y, si lo hemos hecho bien, al final de nuestros días podremos sentir el abrazo, la ayuda y el amor de nuestros hijos.

Si eres hijo, hoy es un buen día para agradecerle a tu padre cuanto ha hecho por ti…  Y para hacerle saber que, a medida que sus fuerzas decaigan, podrá sostenerse en ti…  Porque también tú le quieres y -gracias a todo lo que ha hecho por ti- ahora estás en posición de devolverle -también libre y gratuitamente- todo lo que él hizo por ti en la infancia.

Te deseo que disfrutes de este día del Padre en familia, y que recuerdes que el mejor regalo que le puedes hacer hoy es entregarte tú mismo.

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