Hay días en los que me gusta meditar en silencio, otros me apoyo en textos, otros en oraciones y -muy de vez en cuando- medito a partir de imágenes a las que dejo que me remuevan por dentro, evocando y haciendo consciente lo que generalmente se oculta entre sombras.

Hoy he meditado con la imagen que acompaña a este post: la de unos bancos vacíos en un otoñal entorno de hojas secas que lo visten todo de color de cobre.  Puede que tú, como yo, todavía vivas en el verano de tu existencia: con fuerza, con salud, con alegría, sin grandes pérdidas.  Pero la vida tiene sus ritmos, sus ciclos, y tras la exuberancia del verano llega el otoño, y todo cae, y todo se enfría para dar lugar al invierno.  

Llegarán tiempos de pérdida en los que ya no podremos compartir conversaciones en el parque, en los que echaremos de menos las risas que hoy pasamos por alto, en los que decaerá la pasión que hoy nos embarga y nos invadirá el corazón un frío helado, vendrán tiempos de enfermedad, cansancio y muerte…  Y, entonces, echaremos la vista atrás y nos preguntaremos: ¿por qué no aproveché cada instante?

No importa si vivimos hoy en el verano, la primavera, el otoño o el invierno de nuestra existencia.  Tomemos conciencia del momento en el que nos encontramos, de lo que está por venir…  Y aprovechemos lo mejor de cada instante para que, al hacer memoria, no tengamos que arrepentirnos de todo lo que dejamos por hacer y decir.

Mañana el banco estará vacío.  Puede que sólo nos quede hoy para compartirlo con aquellos a quienes amamos.

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