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Los místicos han saboreado al Absoluto y, aun conscientes de la limitación propia de todo lenguaje, tratan de expresarnos su experiencia para arrojar alguna luz sobre la sombra de nuestra infinita ignorancia.

Amigos de la paradoja que supone expresar lo inexpresable, emplear palabras para explicar el Silencio, encerrar lo Infinito en la prisión del concepto, no es extraño que recurran a la poesía, al más simbólico de los lenguajes que –a través de la sensibilidad, la emoción y la imaginación- vincula cada palabra y cada imagen con el Infinito.

De entre las poesías místicas que he leído, una de las que más me ha iluminado siempre es la que hoy transcribo, un texto de San Juan de la Cruz en su Subida al monte Carmelo en el que nos invita a tomar el camino del vaciamiento, del desapego, de la pobreza espiritual, de la renuncia a todo para acceder al Todo.  Dice así:

Para gustarlo todo,

no quieras tener gusto en nada.

 

Para venir a saberlo todo,

no quieras saber algo en nada.

 

Para venir a poseerlo todo,

no quieras poseer algo en nada.

 

Para venir a serlo todo,

no quieras ser algo en nada.

 

Para venir a lo que no gustas,

has de ir por donde no gustas.

 

Para venir a lo que no sabes,

has de ir por donde no sabes.

 

Para venir a lo que no posees,

has de ir por donde no posees.

 

Para venir a lo que no eres,

has de ir por donde no eres.

 

Cuando reparas en algo,

dejas de arrojarte al todo.

 

Porque para venir del todo al todo,

has de negarte del todo en todo.

 

Y cuando lo vengas todo a tener,

has de tenerlo sin nada querer.

 

Porque si quieres tener algo en todo,

no tienes puro en Dios tu tesoro.


Medita serenamente el texto, deja que resuene en tu interior hasta que devenga el silencio.  Total renuncia, total apertura, total disponibilidad.

No sabemos a dónde nos conducirá el más allá que es propio del magis que caracteriza a toda vida trascendente, no podemos pretender llegar a un destino que desconocemos por caminos que ya hemos transitado…  El riesgo está ahí, en un horizonte que desconocemos.  La confianza debe guiar nuestros pasos…  Quien nada tiene como propio, nada puede perder…  Puede arriesgarlo todo, puede ganarlo todo.

¿Seremos capaces de renunciar a todo para lograrlo Todo?

 

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