Esta hecatombe que supone el COVID-19 está cambiando la percepción de muchas personas sobre lo que es realmente valioso. 

Aquellas cosas en las que ayer poníamos nuestras esperanzas y seguridades hoy se han hecho cenizas, por lo que debemos buscar la felicidad en lo que está a nuestro alcance, en lo sencillo, en lo inmediato, en lo simple: una taza de café humeante mientras contemplas el amanecer, permanecer abrazado a tu pareja -en la cama- hasta que se despierta, una conversación sin prisas ni interrupciones sobre lo divino y lo humano, una llamada a ese amigo con el que hace siglos que no hablas, escribir un rato, leer en familia, una partida al dominó o a las cartas, unas risas jugando al Trivial o al Pictionary, una buena película en familia, ayudar a tus hijos con los deberes, preparar juntos la comida…

Ya que hay que estar confinados para evitar que se extienda el coronavirus, al menos aprendamos de la experiencia.  Ojalá no olvidemos lo que estamos viviendo y, cuando esto pase, no corramos de nuevo como locos tras objetivos y metas que nos agobian y que no tienen más entidad que la que nosotros les damos.

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