bingen

Hace poco escribí un post ( https://meditacionesdeldia.com/2014/07/17/las-religiones-como-lenguas-de-lo-inefable/) que generó algunos comentarios privados, algún que otro correo electrónico de felicitación…  Y algún tirón de orejas de algún lector.

Lo esperaba, no es algo nuevo, más bien es algo que se repite cada vez que afirmo que la segunda persona de la Santísima Trinidad, el Hijo, Cristo, es ese judío nacido hace poco más de 2000 años…  Pero que también es más, mucho más.

Supongo que mi mención habitual -en esta cuestión- a Panikkar y su «Cristo desconocido del Hinduismo» no debe ayudar mucho a ofrecer una imagen de ortodoxia (o de microdoxia, según expresión de Raimon), pero la verdad es la que es, la diga Agamenón o su porquero.

Sea como fuere, me reafirmo en mi tesis: la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Cristo, es el Dios que se manifiesta, y esta manifestación viene dándose desde el origen de nuestros tiempos…  Aunque se encarnara, humanamente, en ese joven nazareno que dio lugar al cristianismo…  Tal y como recitamos en el Credo.

Hoy no me apoyaré en una cita de Panikkar ni de Nicolás de Cusa.  He buscado a alguien que sea menos discutido dentro de las corrientes menos dispuestas al diálogo interreligioso, un Obispo, reconocido por Roma como Santo y Padre de la Iglesia: San Agustín de Hipona.

En su De Retractione, libro I, 13, 3 dice así:

«Lo que se llama religión cristiana existía en la antigüedad y nunca dejó de existir, desde el inicio del género humano, hasta que Cristo llegó en la carne, y a partir de ese momento la verdadera Religión, que ya existía, empezó a ser llamada Cristiana».

No está mal comprobar, una vez más, que afirmaciones que me han costado alguna vez el cariñoso apelativo de heterodoxo son compartidas, desde el origen de nuestra tradición, por quienes se supone que han ayudado a conformar el poso de la Fe, eso que algunos se empeñan en denominar ordoxia.

Tranquiliza los escrúpulos del alma el comprobar que no vas por libre, que -a menudo sin saberlo- sigues los pasos de quienes pereqrinaron antes que tú en pos del Absoluto.  Nada nuevo bajo el sol…

Sorpresas te da la vida, sorpresas encuentras al bucear entre los clásicos…  Sorpresas, enseñanzas y paz.  Muchas palabras, muchas aproximaciones, muchos caminos, muchas imágenes de una realidad que nos supera… Siempre.

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