El desánimo es la muerte

El desánimo es algo así como un virus contagioso que se encuentra por todas partes, un virus que te deja sin energía para grandes proyectos, un virus que te deja aletargado, cansado, postrado, sin fuerzas para nada que merezca la pena.  El desánimo, según su etimología, es vivir sin ánima, sin alma, y -como imagino que ya sabrás- tradicionalmente se ha entendido que un cuerpo sin alma es un cuerpo sin vida, el cuerpo de un difunto.

El desánimo es la muerte, la pérdida de la vida.  Porque ésta es mucho más que disponer de tiempo.  Vivir, con mayúscula, supone vivir por o para algo, tener un proyecto, una meta, un objetivo, una misión que nos anima.  El desánimo implica haber renunciado a esa ilusión que nos lleva a levantarnos cada mañana, que nos empuja a superar las dificultades, que nos invita a reponernos rápidamente tras cada caída para poder seguir avanzando.

¿Cómo recuperar el ánimo perdido?

Es preciso recuperar el ánimo, es urgente que lo recuperes si lo has perdido.  Para ello, te invito a soñar tu vida en grande.  Dedica un tiempo a observarte, a conocerte mejor, a descubrir tus fortalezas y a imaginar qué puedes hacer con ellas.  Permítete la licencia de confiar en tus posibilidades, con realismo pero con esperanza.  Si lo haces bien, sentirás nacer en ti el deseo de lograr lo que se te ha presentado como un mañana posible.  Ese deseo es el ánimo, la motivación, el motor de una vida más grande.

Si no eres capaz de hacerlo sólo, siempre puedes recurrir a un motivador externo: tu pareja (que te conoce y te ha escogido), un familiar, un amigo…  O incluso un motivador profesional, un coach que te ayude en ese proceso de autodescubrimiento y alumbramiento de tu mejor tú.

La motivación no basta

Es preciso superar el desánimo para comenzar a vivir de verdad.  Pero no basta con estar motivado para lograr lo que se pretende.  La motivación o ánimo es lo que te pone de pie, pero el largo camino entre nuestro hoy y el mañana que anhelamos hay que recorrerlo a base de esfuerzo, de constancia, de forjar hábitos, de caerse y levantarse sin decepcionarse ni desanimarse por ello.

Anímate, descubre cuál es tu meta.  Y después, simplemente, mantente en camino.  Eso es vivir.

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