El dinero es importante.

Muy importante.

 

Para el que no lo tiene, porque la ausencia de dinero dificulta disponer de aquellas cosas imprescindibles para tener una vida digna.  Y eso importa, debería importarnos.

Para el que lo tiene en una medida razonable, porque -aunque el dinero no da la felicidad, también la gente con dinero se suicida- sí que tranquiliza los nervios…  Y eso se agradece.

Para el que tiene mucho, muchísimo dinero…  Porque el dinero en abundancia tiene el poder de desnudarnos.

 

¿A qué me refiero?  A que nos desvela y revela.

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El dinero y el poder impulsan la salida al exterior de tu auténtica arquitectura interior.  Porque no hay límites ni fronteras para ti.  Ser rico y poderoso implica no tener que preguntarse: ¿podemos?  Porque puedes, sabes que puedes.

 

Esta sencilla afirmación me ha hecho pensar…

Demasiadas veces he escuchado aquello de que los ricos y poderosos son egoístas y sólo velan por su propio interés.

He conocido ricos muy ricos que son magníficas personas, y otros que son unos auténticos cabritos.

No creo que la diferencia esté, pues, en el dinero sino en cómo estamos estructurados por dentro.

Hay mucha buena gente y mucho cabrito, con y sin dinero.

 

Este no nos transforma, no nos hace mejores ni peores.

Sólo muestra quiénes somos en realidad.

Y eso, a menudo da mucho miedo.

Acojona.

Porque acojonamos.

 

¿Somos conscientes de lo que ocultamos en nuestro interior?

Si somos ricos y poderosos, puede que sí.

Si no lo somos, es probable que no.

 

Conozcámonos, trabajémonos por dentro.

No vaya a ser que un día nos llegue el dinero…  Y no nos guste lo que revela de nosotros.

 

¡Que tengas un día fantabuloso!

Nos seguimos leyendo…

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*Foto de John Doe en Unsplash

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