Hay demasiadas cosas que, por ser evidentes, las pasamos por alto…  Y nos sorprenden cuando alguien las verbaliza.  Me sucedió ayer escuchando la conferencia de Pablo d’Ors sobre ‘el evangelio en clave mística’.  Como que me gustó, aquí la tienes, por si te animas…

 

Entre las muchas perlas de la conferencia, hay una que ha dado lugar a este post: el evangelio no es para pensarlo, es para contemplarlo.

¿Qué significa esto?  Significa que podemos dedicarnos al estudio de los evangelios a nivel lingüístico, histórico o social…  Pero por ese camino no llegaremos a descubrir lo que más valor tiene de ellos.  Podemos dedicarnos a pensar sobre lo que dicen los evangelios, y puede que extraigamos grandes aprendizajes y teorías…  Pero no nos cambiarán la vida.  O podemos acercarnos al evangelio -tal y como propone Pablo d’Ors- como el que se va a pasear a la orilla del mar o por la montaña…  Disfrutando del paseo, contemplando lo que se abre ante nuestros ojos, dejando que lo de fuera se nos meta dentro y nos transforme.

Me parece una buena aproximación o iniciación a la contemplación ignaciana, a esa forma de acercarse al evangelio que consiste en meterse dentro de la historia como uno de sus personajes, viendo, viviendo, sintiendo, imaginando, dejándonos sorprender y conmover por lo que estamos experimentando.  Porque -como decía San Ignacio- no el mucho saber harta y satisface el alma sino el sentir y gustar.

Prueba a tomar el evangelio de este modo y déjate sorprender por el nuevo mundo que se desplegará ante ti…  Y dentro de ti…  Seas o no cristiano.

Share This