Creo que ya he confesado en alguna ocasión que no soy un enamorado de la novela.  Leo algunas, pero dedico mucho más tiempo a los ensayos.  Sin embargo, hay textos de narraciones convertidas en clásicos que son auténticas obras de arte que merecerían su propio ensayo o, al menos, un breve post en este blog.  Uno de ellos es el siguiente, que extraigo de Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll:

Minino de Cheshire, ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
– Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar – dijo el Gato.
– No me importa mucho el sitio… –dijo Alicia.
– Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes – dijo el Gato.
– … siempre que llegue a alguna parte – añadió Alicia como explicación.
– ¡Oh, siempre llegarás a alguna parte – aseguró el Gato- , si caminas lo suficiente!
Es difícil expresarlo mejor que como lo hace el gato de Cheshire.  Demasiado a menudo transitamos por la vida debiendo escoger entre distintas opciones o caminos, sin darnos cuenta de que no hemos escogido todavía a dónde queremos ir…  Por lo que nunca podremos acertar, ni equivocarnos.  Simplemente, andamos perdidos.
Este tiempo estival puede ser una buena ocasión para detenernos y plantearnos a dónde queremos ir, qué nos gustaría hacer con nuestra vida.  Dedícale un tiempo porque es un tema muy serio, de los más serios.  Después, fíjate tres objetivos (acordes con la meta que te hayas fijado) que puedas y debas lograr antes de final de año, otros tres para alcanzar antes del verano que viene, y otros tres que quieras alcanzar a tres años vista.  Coge un papel y anota primero el destino al que te encaminas y, debajo, tus objetivos de fin de año, a un año vista y a tres años vista.  No pierdas esa hoja, guárdala en un sitio en el que puedas echarle un vistazo cada mañana y cada noche.  Al despertar, para recordarte por dónde quieres transitar.  Por la noche, para revisar si has errado el camino.
Algo tan simple como esta práctica puede cambiarte la vida.  Pruébalo y estoy convencido de que sonreirás más que el gato de Cheshire.
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