Me cuesta creer que la vida sea un sinsentido, el fruto de un azar que me ha dotado de vida y de las maravillas que me rodean.  Lo vivido me anima a pensar que esto tiene un sentido, un propósito…  Y, aunque suene redundante, estoy convencido de que el propósito de la vida es que vivamos una vida con propósito, con una meta grande que nos anime a crecer, a dar lo mejor de nosotros mismos, a ir más allá de quienes somos, a seguir nuestra vocación, la llamada de nuestra más profunda naturaleza.

A veces, uno intuye ese propósito desde la infancia.  Otras veces, son las circunstancias las que le llevan a toparse con él.  Lo he vivido recientemente, muy de cerca.  Uno de mis hijos tiene dificultades de aprendizaje. Serias dificultades de aprendizaje.  Lo llevamos al médico, a los organismos oficiales existentes para niños con problemas de desarrollo y necesidades especiales, conversamos con el profesorado y el gabinete psicopedagógico del colegio…  Parecía no avanzar.  Entonces topamos con una logopeda (Montse) que creyó en las posibilidades de nuestro hijo, que ‘conectó’ con él y no le quiso etiquetar.  Ella ha puesto en marcha su mejoría y nos ha dotado -a nosotros- de un rayo de esperanza.

Un rayo de esperanza que ha iluminado el propósito de la vida de mi esposa, que se ha volcado en formarse en las prácticas pedagógicas más adecuadas para nuestro hijo.  En cuanto comprobamos que reaccionaba especialmente bien a las dinámicas Montessori, la casa se ha llenado de libros, materiales, vídeos, objetos y dinámicas tendentes a profundizar en esta pedagogía y a ponerla en práctica con el enano de la casa.  Él está feliz, está avanzando, está aprendiendo, se está desarrollando…  Y nosotros estamos como locos de ver su evolución.

Pero es que, además, mi mujer -que siempre ha tenido mano con los niños- está en plena ebullición, resplandeciente pese a su estado físico.  Se ha topado con un propósito que la inspira, una vocación, una llamada del Amor que la está llevando a manifestar lo mejor de sí misma y a generar energías que, en este momento, resultan sanadoras para todos.  Tanto es así que hasta su operación y posterior reposo absoluto se han convertido -entiéndeme bien- en una bendición, ya que le permiten dedicar más tiempo al pequeño de la casa y a su formación.  Al final será verdad que nada pasa porque sí…

Y será verdad, también, que el propósito, el enamorarte de algo, lo cambia todo.  Me gusta cómo lo expresaba Patanjali hace ya más de dos mil años:

Cuando estás inspirado por algún gran propósito,
por algún proyecto extraordinario,
los pensamientos rompen sus barreras;
la mente trasciende sus limitaciones,
la conciencia se expande en todas direcciones,
y te encuentras en un mundo nuevo y maravilloso.

Las fuerzas, las facultades y los talentos dormidos
cobran vida
y te das cuenta de que eres mucho más grande
de lo que jamás hubieras soñado.

El propósito de la vida es vivir con propósito.  Ahora toca encontrarlo y entregarnos a él con valentía y generosidad.  Y eso lo cambiará todo, para nosotros y para los demás.

Share This