Hay una frase de Tich  Nhat Hanh que trato de recordar a menudo porque considero que contiene una gran verdad:

El regalo más precioso que podemos ofrecer a cualquier persona es nuestra atención

En un mundo como el nuestro en el que siempre vamos con prisas, en el que tenemos más planes que tiempo para realizarlos, en el que nos hemos creído que el tiempo es oro cuando en realidad es Vida, es bueno que alguien nos recuerde que el tiempo es valioso y que podemos regalarlo a quienes nos rodean.

Reservar un tiempo para prestar atención a alguien es una bella forma de amor que todos agradecemos.  Cuando un amigo te hace un hueco es su ajetreada agenda para poder conversar un rato contigo -o para ayudarte en algo que necesitas- y está sólo por ti, sin móviles, sin interrupciones, sin distracciones…  Eso es un regalazo que sólo sabe lo bien que sienta quien lo ha recibido alguna vez.

Y he hablado del amigo, pero podría decir lo mismo de la pareja, o de los hijos, o de los padres…  Porque, con nuestra manía de vivir a toda velocidad, se nos pasa la vida y dejamos en la cuneta a muchos de nuestros seres queridos que -aunque están ahí- apenas son vistos por nosotros porque la rapidez con la que nos movemos nos impide prestar atención a sus rostros o atender a sus necesidades más íntimas.

Aflojemos el ritmo, aunque sea un día por semana, soseguémonos y dediquemos nuestro tiempo y atención a quienes queremos.  Es un regalo de ida y vuelta que llenará nuestra vida de Vida, Amor y Agradecimiento.

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