Mi reflexión de ayer en torno a la fraternidad me ha hecho pensar que el transhumanismo puede suponer un serio problema, no sólo para alcanzar el ideal que establecí en la relación de paternidad/maternidad, sino incluso para promover la más básica fraternidad.

Porque la fraternidad humana nace del convencimiento de que hay una naturaleza que nos une, una dignidad común, una humanidad que nos hace semejantes.

Sin embargo, la corriente transhumanista nos propone construirnos a nosotros mismos de acuerdo con nuestra voluntad o capricho, superar las limitaciones de nuestra humanidad a través de la tecnología, convertirnos en superhombres o supercyborgs que poco tendrán que ver con los seres humanos ‘naturales’…  ¿De veras no vemos el riesgo que supone esta nueva raza tecnológicamente superior para la fraternidad?

Sin semejanza ni naturaleza común, ¿no serán los transhumanos un feroz lobo para el hombre?

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