¿Te sientes un buscador espiritual, un peregrino del Absoluto?  También yo, de algún modo, me siento así…  Siempre en camino, siempre buscando a un Dios que es siempre mayor, siempre insatisfecho con el lugar en el que me encuentro y convencido de que se le puede conocer más y mejor.

No voy a pedirte que renuncies a tu manera de ser, porque quienes sentimos ese deseo en nuestro interior es para que lo sigamos, para que cada día nos aproximemos al Absoluto de un modo distinto, a veces más adecuado y a veces menos, pero siempre desde la pureza de intención y desde el Amor.

Pero sí que voy a pedirte que leas con atención algo que escribí en uno de mis cuadernos del Mes de Ejercicios Ignacianos, porque hoy me ha resonado y -si en algo te pareces a mí- puede que también a ti de conmueva…  Y mueva:

Soy un buscador, siempre lo he sido, voy tras tus huellas, siguiendo tus rastros por distintos paisajes.  Me mueve el Amor, el deseo de encontrarte y de fundirme en un abrazo contigo…  Y ahora tomo consciencia de que también Tú me buscas, que también Tú vas detrás de mí…  Y que basta con que me detenga un instante para que me alcances.  Hoy toca parar de buscar y dejarme encontrar, abrazarnos…  Y mañana ya volveré a ir tras de Ti de un modo nuevo, a tu modo.

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