Vivir, todos vivimos, pero no lo hacemos del mismo modo.

Cada uno manifiesta a la Vida de una forma única.

Compartimos espacios y tiempos, pero cada uno los descubre y experimenta desde quien cada uno es.  Vivimos lo de fuera desde nuestros adentros.

Nuestra mirada condiciona nuestra experiencia, no todos percibimos las mismas dimensiones de la Realidad…  Pero la Realidad está ahí, a nuestro alcance, abierta a nosotros, dispuesta a ser contemplada, conocida y amada.

La Vida -con mayúscula- sólo se percibe desde el tercer ojo.  Jamás la atisbaremos desde nuestra visión física, del mismo modo que una hoja de papel no permite palpar un dibujo en tres dimensiones.

Cada órgano, cada instrumento, tiene sus limitaciones.  La Realidad es invisible a los ojos, y la visión del Tercer Ojo ofrece certeza, pero no pruebas de lo que con él se percibe.

Ante el Misterio sólo cabe experiencia y silencio, intuición y vivencia…  ¿Cuántas veces has sentido que eres algo más que materia?  ¿Cuántas veces has intuido que la existencia tiene un sentido?  ¿Cuántas veces has experimentado el amor de la Vida cuando mil veces has defendido que ésta no es más que azar?

No me importa si le llamas Vida, Realidad, Misterio, Espíritu o Dios…  Hay un susurro, en el viento, que nos habla de ir más allá de lo evidente sin pruebas ni seguridad, pero con la certeza de descubrir nuevos mundos -dentro de este mundo- cargados de sentido y de una energía que nos dota de más Vida.

Que las palabras, los nombres y los conceptos no nos frenen.  Existe una Profundidad en lo cotidiano que nos anima a zambullirnos en ella para llenar nuestra vida de auténtica Vida.

Es tiempo de dar el paso.

 

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