dar color azul

No soy un experto en ciencias físicas, pero todavía recuerdo algunas ideas que me enseñaron en el colegio, cuando era un adolescente.  Una de ellas, que hoy ha sustentado mi meditación diaria, tiene que ver con la percepción del color por parte del ojo humano.

Como nos recuerda Wikipedia, «todo cuerpo iluminado absorbe una parte de las ondas electromagnéticas y refleja las restantes. Las ondas reflejadas son captadas por el ojo e interpretadas en el cerebro como distintos colores según las longitudes de ondas correspondientes».  Es decir, cuando percibimos que un objeto es de color azul es porque ha absorbido las longitudes de onda correspondientes al resto de colores, mientras que ha reflejado las propias del azul.  

Y este hecho es el que me ha llevado, por analogía, a pensar que a los seres humanos nos sucede algo parecido…  Lo hemos hablado en otras ocasiones: nuestros actos nos definen, es lo que damos, lo que entregamos, el altar en que quemamos nuestra vida, el que establece quiénes somos en realidad…  Más allá de idealismos y entelequias.

Es mucho lo que recibimos gratuitamente, comenzando por nuestra existencia…  Si nos la han regalado, debemos compartirla, entregarla…  Y es en ese darnos, en ese descentrarnos, donde nos toparemos de bruces con nuestro auténtico rostro…  Y nos sorprenderá…  Porque es hermoso.  

Decidamos quiénes queremos ser y entreguémonos a ser esa persona, seamos coherentes y lancémonos a esa nueva vida, ofreciéndola a los demás…  Si es que queremos poseernos de verdad…  Porque uno gana lo que da, y pierde lo que se reserva para sí mismo.

¿Qué vamos a hacer?

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