Dicen que no hay nada más castigado que la lengua.  Durante años -años de infancia y juventud- me había mofado de aquellos que llevaban un diario, incluidos algunos de los grandes, como Unamuno o Marco Aurelio.  No entendía por qué tenían que anotar cada día sus vivencias, experiencias y pensamientos…  ¿Acaso no tenían memoria?

No lo había entendido, ni lo entendí hasta que hice los Ejercicios Espirituales de San Ignacio.  Allí empecé a plasmar mi oración por escrito, anotando las intuiciones que surgían, los proyectos que me venían a la mente, las intenciones y compromisos que nacían de esos ratos de silencioso diálogo.  Esas notas han resultado ser un valioso tesoro, pero también un eficaz instrumento para mi camino de desarrollo personal y espiritual.  Porque me ayudan a descubrir mis movimientos interiores, me ayudan a evaluar cómo van mis luchas personales, me permiten descubrir mis evoluciones o involuciones, mis avances y engaños, mis anhelos más profundos y todo aquello que me resta libertad.

No se trata de escribirlo todo como si se tratara de nuestra agenda, sino de anotar aquellos hechos diarios que nos han tocado el alma, de recordarnos aquellas cosas que hemos hecho y nos han ayudado a crecer (para repetirlas), aquellas actuaciones en las que hemos errado el tiro y nos hemos dado cuenta de que hemos perjudicado a otro o a nosotros mismos (para tratar de evitarlas en el futuro) y todas aquellas experiencias en las que hemos sentido la caricia o el susurro de Dios, para agradecerlas, escucharlas, discernirlas y aprender de ellas.

A quienes os sentís cómodos con la espiritualidad ignaciana, os sonará a ‘examen’, esa forma de oración que ocupa un lugar central en la vida de todo hijo de Ignacio.  Efectivamente, tiene mucho que ver.

Este blog, de algún modo, también tiene algo de diario espiritual…  Pero público, lo cual le resta intimidad.  Porque en estas líneas trato de compartir aquellos pensamientos, intuiciones o experiencias que considero que te pueden resultar útiles, pero me reservo para mí todo aquello que constituye el sustrato de mi ser y de mi experiencia.  No todo debe ni merece ser compartido en un blog, pero sí en un diario íntimo o espiritual.

Si haces la prueba, verás que el esfuerzo vale la pena, que es una meditación en toda regla, una forma de oración que estructurará tu día a día de un modo nuevo.

Prueba, y ya nos explicarás qué tal ha resultado la experiencia.

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