Si eres aficionado a escribir, entenderás rápido de qué te estoy hablando: ante un papel en blanco es fácil estallar y crear un mundo a nuestra medida, una vida conforme a nuestras expectativas, deleitarse describiendo con detalle la belleza de una mujer o de una flor.  Las palabras brotan a borbotones, se entrelazan libremente y nos embriagan hasta poseernos completamente.  Escribir puede ser una forma de vivir…  Incluso un sustituto de la vida, o una forma de huida frente a un mundo que nos disgusta.

Por ese motivo, biografía y bibliografía deben ir de la mano: o escribes sobre lo que vives, o debes esforzarte por vivir lo que escribes.  Sólo así la vida tiene sentido y coherencia para el escritor.  De otro modo, o tus escritos serán un asco…  O sentirás que lo que es un asco es tu vida.

No escribas sobre el amor si no has estado enamorado, no escribas sobre una manzana sin haberla contemplado y degustado, no escribas sobre la rosa sin haberte deleitado con sus colores y perfume…  O sin haber sentido sus espinas en la mano al tomarla para inspirarte en ella.

Escribir y vivir, vivir y escribir…  Escritura y vida deben ir de la mano si tienes alma de escritor.  De otro modo, tus textos o tu vida desprenderán un desagradable hedor.

Nadie dijo que fuera fácil.  Escribir y vivir son batallas con victorias y derrotas, con éxitos y fracasos…  Todos ellos tejen nuestra historia y nuestra obra.  Ahí quedaremos retratados, para siempre…  Así que más nos vale luchar por hacer el mejor papel posible.

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