Hay una frase que me crispa los nervios: estoy aburrido.  Gracias a Dios tengo esposa y cinco hijos, trabajo, imaginación y mil proyectos en mente, así que no tengo tiempo de aburrirme…  Tal vez por ese motivo me cuesta tanto entender que alguien se aburra, y que no se dé cuenta de que el aburrimiento no depende tanto de las circunstancias como de nuestro paisaje interior.

 

El aburrimiento es cosa de privilegiados

 

No conozco a nadie con grandes problemas y sufrimientos que se sienta aburrido…  Más que nada porque su mente y su voluntad están enfocadas en salir de la situación que le atormenta.  Uno puede padecer, estresarse o incluso desesperarse…  Pero no aburrirse.  Sólo se aburre el que no tiene problemas serios.  Como dice José Antonio Marina, el aburrimiento es la desdicha del dichoso.

 

 

Planes y proyectos contra el aburrimiento

 

Pero también puedes tener la suerte de no encontrarte abrumado por los problemas y, sin embargo, no aburrirte.

¿Qué te diferencia de quienes sí caen bajo el yugo de esta lacra que produce apatía, cansancio de no hacer nada, vacío existencial y depresión?  Puede que sea el tener planes y proyectos.

Debemos buscar cosas que nos ilusione hacer: cosas que nos permitan desarrollar nuestra creatividad, cosas que nos conecten con nosotros mismos, cosas que nos permitan relacionarnos o ayudar a los demás, cosas que sintamos como útiles o hermosas…  Y organizar nuestro tiempo, aprovechándolo para llevar a cabo el mayor número posible de ellas.

 

 

Perder el tiempo aburre mucho

 

El aburrimiento tiene mucho que ver con los tiempos muertos, y éstos con la vida perdida.

La vida debe ser vivida, aprovechada, exprimida hasta el último segundo.  Porque instante que pasa, es instante que ya no volverá.  Puede que lo que no hagamos ahora ya no podamos hacerlo nunca…  ¿Qué te sabría mal no haber hecho?  Da un sentido a tu vida y no dejes de conducir en esa dirección.

 

 

No hace falta no parar para no aburrirse

 

Ahora bien, tampoco me gustaría que interpretaras que la única manera de no aburrirse es hacer cosas sin parar, entrar en una espiral de actividad que nos absorba y agote.  No, la acción debe ir siempre acompañada de contemplación.

Para salir hacia afuera, primero hay que recogerse.  Para expirar, es preciso inspirar antes.  Sístole y diástole.  Solve et coagula.  Es el dinamismo de la vida…  Y la vida no se aburre, como no te aburrirás dedicando el tiempo que necesites (cada uno el suyo) a mirar hacia adentro o descubrirte a ti mismo -y a los demás- a través de la belleza que te rodea: prueba a leer un buen libro, a visitar un museo, a escuchar música, a pasear por la naturaleza o por la orilla del mar, a respirar conscientemente o a prestar atención a los pensamientos inconscientes que, como nubes, cruzan por tu mente…  Lo de dentro puede conectarte con lo de fuera, y lo de fuera con tus adentros.  Y esa relación impide que te aburras, que te sientas aislado, vacío, sin sentido, metas o ilusiones.

 

 

Aburrirte -o no- es tu decisión.  ¿Qué piensas hacer?

 

Aburrirte o no es tu decisión.  Una decisión que te perjudica a ti mismo y que  nos perjudica a todos, porque nos priva de lo mejor de ti.

Muévete, hacia adentro o hacia afuera, pero muévete…  Porque sólo los muertos permanecen quietos.  La vida es movimiento, cambio, transformación…  ¡Vivamos y no nos aburriremos!  Dejemos que la Vida fluya y disipe la sombra del aburrimiento.

 

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