Desde que nuestras miradas se cruzaron, fugazmente, aquella lejana mañana de hace casi veinticinco años, mi corazón se desplazó de mi pecho al tuyo y empecé a vivir en ti y para ti.

Te vi, y mi mirada se transformó: me vi desde tus ojos, me descubriste otro yo que me gustó, el mundo reveló una nueva luz y un más vívido color que antes no tenía porque tú no estabas en él.  Amarte supuso un encuentro, contigo, conmigo, con todos…  Nada perdí, más que aquello que me ataba.

El palpitar de mi corazón -que ya fue el tuyo- marcó el ritmo de una nueva vida en común, cargada de ilusiones y proyectos compartidos.  Una vida que entiende el yo como un tú, el existir como un dar vida y animar a crecer a quien se ama.

Esa mirada lo cambió todo, esa mirada dotó a todo de un nuevo sentido…  Porque sólo al Amor acompaña la comprensión y la dicha.

Y aquí estamos, agradecidos, disfrutando de contemplarnos…  Y de seguir mirando en la misma dirección…  Con la esperanza de que nos quede aun mucho por ver y hacer, mucha vida por dar y recibir…  Mucho por ser…  Juntos…  Imagen de esa Unidad esencial en la que lo Único se manifiesta en la armoniosa danza de la diversidad que se complementa.

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