Voy a contarte un secreto…  Aunque estoy a dieta -o ta vez especialmente por eso- se me hace la boca agua al pensar en lo que comúnmente llamamos fast food.  ¿Te imaginas una doble hamburguesa con bacon y queso, con patatas fritas y un enorme vaso de coca-cola helada?

Me gusta como sabe, aunque sé que no me alimenta como debe, que incluso perjudica a mi salud…  Pero está tan bueno que, de vez en cuando, me permito ese capricho.  Será que cada vez soy menos amigo de la puritana represión y me siento más cómodo con el ‘todo, en su justa medida’…  Asumiendo que la medida de algunas cosas es más bien escasa…  😉

Pero nunca pierdo de vista que eso es fast food, por muy bueno que esté.  Sé que no puedo alimentarme a base de hamburguesas porque caería enfermo…  Y sé que el ‘me gusta’ no es el criterio más adecuado para una dieta saludable.  Basta con vivir unos días a base de hamburguesas y patatas fritas para notar sus efectos sobre mi cuerpo.

Sin embargo, esto que la mayoría tenemos bastante claro a nivel físico, nos cuesta tomarlo en consideración cuando debemos vivirlo a nivel espiritual.  Porque demasiadas veces nos dejamos llevar por prácticas o costumbres ‘que nos gusta cómo saben’, que nos dan paz, tranquilidad, consolación o sosiego, pero no atendemos a si realmente nos están transformando en personas cada día más humanas, si incrementan nuestro nivel de conciencia y nos religan -más y mejor- con nosotros mismos, con los demás y con cuanto nos rodea.

¡Cuántas veces la oración, el mindfulness o el yoga dejan de ser auténtica meditación para transformarse en narcóticos espirituales, en drogas que nos producen un placer inmediato y un vacío a medio o a largo plazo!  Debemos estar atentos a cómo nos alimentamos espiritualmente, a los efectos a corto y largo plazo de cada una de nuestras prácticas espirituales.  A si nos dotan de mayor libertad o de una férrea dependencia.  Puede que nos llevemos alguna sorpresa y descubramos que no todo lo que nos gusta nos sienta bien, y que alguna cosa que no nos gusta tanto resulta imprescindible para mantenerse en forma.

¡Cuidado con el fast food espiritual!  A ver si se nos va a indigestar.

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