Introducción: un libro que NO es para niños

Era un niño cuando me obligaron a leer El Principito de Antoine de Saint-Exupéry por primera vez.  Me pareció un bodrio, aburrido e incomprensible…  Lo cual no dice mucho de mi sensibilidad y capacidad de aquellos tiempos…  O de la capacidad de mis profesores para imponer lecturas a ciertas edades.

Años más tarde cayó de nuevo en mis manos.  Lo tomé con cierto repelús, pues todavía recordaba el desagrado que me había producido en el pasado.  Pero me llamó la atención que lo que yo recordaba como ‘una porquería’ tuviera la consideración de ‘clásico’ para miles de lectores.  Así que me decidí a ojearlo hojeándolo (juego de palabras para los expertos en ortografía 😉 ) y me llevé una impresionante sorpresa: me topé con algunas frases que me golpearon con fuerza.  Acusé el golpe, compré el libro, me lo llevé a casa…  Y me lo leí dos veces seguidas.

 

El Principito es un libro de Sabiduría

Ya he dicho en alguna otra ocasión que un clásico lo es porque nos conecta con lo esencial,  con nuestra naturaleza, con lo eterno, con el arte del buen vivir…  Con la Sabiduría (así, con mayúsculas).  En mi opinión, esta obra de Antoine de Saint-Exupéry merece la consideración de clásico porque no es un libro para leer del tirón sino para degustar a sorbitos, meditando sus frases, disfrutando de sus imágenes, empapándonos de su tono y poesía.

A continuación voy a compartir contigo algunas de esas frases con la esperanza de que las tomes como un mantra y medites sobre cada una de ellas, dejando que te resuenen, que te lleven a donde te quieran llevar, a donde necesites llegar…

Puede, que después de reflexionar un rato sobre cada una de ellas, te animes a tomar el libro y a abrirte a la profunda sabiduría que se oculta -como tantas veces- tras la apariencia de un cuento para niños.  Un cuento que no nos ayuda a dormir, sino a despertar.

 

Algunas frases del Principito para meditar

  • Todas las personas mayores han sido niños antes (pero pocas lo recuerdan): ¿qué queda en ti, y en mí, del niño alegre, ingenuo y curioso que fuimos en el pasado?
  • Viví así, solo, sin nadie con quien hablar verdaderamente. (…)  Con los hombres también se está solo: a menudo estamos rodeados de gente y nos sentimos solos.  ¿Por qué?  Tal vez porque entre toda la gente que nos rodea no encontramos a nadie con quien hablar verdaderamente.
  • Cuando el misterio es demasiado impresionante, no es posible desaparecer: ¿lo has experimentado alguna vez?
  • Nosotros que comprendemos la vida, nos burlamos de los números: afirmación revolucionaria para un mundo que parece no tomar en cuenta cualquier valor que no sea el económico
  • Los baobabs, antes de crecer, comienzan por ser pequeños: buen recordatorio para cultivar la paciencia y para enfrentarse a los pequeños vicios y defectos
  • Cuando uno termina de arreglarse por la mañana debe hacer cuidadosamente la limpieza del planeta. Todo cambio empieza por uno mismo, es cierto, pero es bueno pensar: tú y yo, ¿qué hacemos por mejorar nuestro mundo?
  • El principito jamás renunciaba a una pregunta, una vez que la había formulado: por lento, duro o pesado que pueda resultar perseverar en la senda del conocimiento, el Principito nos anima a seguir adelante, paso a paso, hasta alcanzar la ansiada y valiosa respuesta que se oculta tras toda pregunta inteligente.
  • Nunca hay que escuchar a las flores.  Hay que mirar y aspirar su aroma: cada cosa tiene su propia naturaleza y características, y merece ser tratada conforme a ellas.
  • No supe comprender nada entonces.  Debí haberla juzgado por sus actos y no por sus palabras.  Me perfumaba y me iluminaba. Obras son amores, aunque a veces esos amores se oculten tras palabras de indiferencia para ocultar un afecto o cariño que perturba a quien lo experimenta.
  • Es preciso que soporte dos o tres orugas si quiero conocer a las mariposas: creo que no es preciso hacer comentario alguno, me parece una sentencia para ser esculpida en piedra.
  • Si ordeno a un general que se transforme en ave marina y no me obedece, no será culpa del general.  Será culpa mía.  (…)  La autoridad reposa, en primer término, sobre la razón. (…)  Tengo derecho a exigir obediencia porque mis órdenes son razonables.  Efectivamente, el buen gobernante es el que da órdenes que tienen sentido, que son acordes con la mejor de las naturalezas, que exigen a cada uno lo que puede dar.  ¿Cuántas veces nos disgustamos porque hacemos peticiones a las personas que no están en disposición de atender?
  • Para los reyes, todos los hombres son súbditos.  (…) Para los vanidosos, todos los hombres son admiradores.

  • Los vanidosos no oyen sino las alabanzas: Y nosotros, ¿somos capaces de atender a la Realidad tal cual es?
  • Diálogo impresionante:
    • ¿Por qué bebes?
    • Para olvidar
    • ¿Para olvidar qué?
    • Para olvidar que tengo vergüenza
    • ¿Vergüenza de qué?
    • ¡Vergüenza de beber!

  • No hay nada que comprender -dijo el farolero-.  La consigna es la consigna. (…)  De año en año el planeta gira más rápido y la consigna no ha cambiado: las consignas que son razonables hoy, pueden dejar de serlo mañana si las circunstancias cambian. ¡Cuántas veces lo olvidamos y nos acogemos a la consigna como lo único que nos da seguridad en un mundo cambiante!
  • Otro diálogo digno de meditar:
    • ¿Hay ciudades, ríos y desiertos [en tu planeta]?
    • Tampoco puedo saberlo -dijo el geógrafo.
    • ¡Pero eres geógrafo!
    • Es cierto -dijo el geógrafo-, pero no soy explorador

  • Los hombres no tienen imaginación.  Repiten lo que se les dice. ¿No nos pasa también a nosotros?
  • No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros.  Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro.  Serás para mí único en el mundo.  Seré para ti único en el mundo. (…)  Sólo se conocen las cosas que se domestican. (…)  Si uno se deja domesticar, corre el riesgo de llorar un poco: Puede que si cambias el término ‘domesticar’ por ‘amar’ lo veas más claro…
  • Si vienes a cualquier hora, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón…  Los ritos son necesarios.

  • Sois bellas, pero estáis vacías (…).  No se puede morir por vosotras.  Lo realmente bello, hermoso e importante es aquello por lo que vale la pena entregar la vida.
  • No se ve bien sino con el corazón.  Lo esencial es invisible a los ojos: para tatuárnoslo en la frente y leerlo cada mañana, al mirarnos al espejo.
  • El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante: Nunca el tiempo es perdido, decía la canción.  La inversión de nuestro tiempo dota de importancia y da grandes frutos.
  • Eres responsable para siempre de lo que has domesticado: los vínculos íntimos que establece el amor son-de algún modo- eternos, aunque se rompa.
  • Es necesario proteger a las lámparas: un golpe de viento puede apagarlas: cuidemos y cultivemos aquello -y a aquellos- que nos llenan de luz, calor y alegría.
  • Su risa era, para mí, como una fuente en el desierto: Aunque no lo sepas, estoy seguro de que también tu risa es la fuente en el desierto de algún otro.  Así que no la ocultes, puede que le salves la vida a alguien.

Es mucho más lo que encontrarás en este breve libro, mucho más de lo que puedas imaginar. Y seguro que trabajando en él, tú encontrarás perlas que a mí me han pasado inadvertidas.  He querido compartir contigo algunas de las que me han parecido más impresionantes, algunas de las que más me han resonado.  Te animo a que lo leas, y añadas como comentario aquellas frases que a ti te remuevan por dentro, de modo que este post se vea enriquecido con tu aportación.

Y -si leyendo el libro- descubres al Principito en ti, no olvides escribirme para  decirme que ha vuelto, que lo has reencontrado.

 

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