Esta mañana, leyendo ‘Quiero un cambio‘ de Bernardo Stamateas, me he topado con una leyenda judía que aparece citada en su obra y que me ha parecido una auténtica delicia, un canto al amor entre hermanos, a esa fraternidad que si permitimos que cale en nosotros dará lugar a una vida llena de felicidad y fruto…  Y a una sociedad mucho más humana.

La historia dice así:

Una leyenda judía dice que dos hermanos estaban compartiendo un campo y un molino. Cada noche dividían el producto del grano que habían molido juntos durante el día. 

Un hermano vivía solo y el otro se había casado, y tenía una familia grande.

Un día el hermano soltero pensó: “No es justo que dividamos el grano de manera equitativa, yo sólo tengo que cuidarme a mí mismo, pero mi hermano tiene niños que alimentar”. Así que cada noche, secretamente, llevaba algo de su harina a la bodega de su hermano. 

Pero el hermano casado pensaba en la situación de su hermano soltero y decía: “No está bien que dividamos el grano equitativamente, porque yo tengo hijos que me proveerán cuando ya esté anciano, pero mi hermano no tiene a nadie, ¿qué hará cuando esté viejo?” .  Así que también cada noche llevaba secretamente parte de su harina y la ponía en la bodega de su hermano. 

Lógicamente, cada mañana ambos hermanos encontraban sus provisiones de harina, misteriosamente, con la misma cantidad. 

Hasta que una noche se encontraron en medio del camino entre sus casas, y se dieron cuenta de que lo más valioso que tenían era el amor que se profesaban el uno por el otro.

El Amor es un puente que nos une con los demás y que posibilita que transiten entre nosotros los tesoros que cada uno guarda en su corazón.  El Amor es motor de cambio, de transformación hacia un presente y un futuro mejor, más pleno, más humano.

Ojalá seamos capaces de desarrollar nuestra humanidad mediante el descubrimiento de la fraternidad, de la alegría que nace de entregar y recibir -por amor- lo más valioso de lo que uno dispone: lo más característico de uno mismo, lo que nos hace ser quienes somos.

El Amor nos hace crecer a través del compartir porque, curiosamente, dándonos por Amor no nos perdemos…  Sino que nos ganamos.

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