La escultura que encabeza este artículo –“El Aprendiz” del artista masón Auguste Rodin- es una de las más bellas e inspiradoras expresiones que he encontrado sobre el trabajo interior que necesita uno realizar para pulir sus imperfecciones y dar a luz a su mejor yo.

Ya Plotino utilizaba, en el siglo III d.C, un simbolismo semejante al propuesto por Rodin para desarrollar nuestro potencial.  Decía así:

“Regresa a ti mismo y mira; si aún no te ves bello, haz como el escultor de una estatua que debe llegar a ser hermosa: quita, raspa, pule y limpia hasta que hagas aparecer un bello rostro en la estatua.  También debes retirar todo lo superfluo, enderezar todo lo tortuoso, limpiar todo lo oscuro.  Abrillántala y no ceses de esculpir tu propia estatua hasta que aparezca en ti el divino resplandor de la virtud, hasta que veas la sabiduría en pie sobre su sagrado pedestal”.

Pero más vale una imagen que mil palabras y, como no soy una excepción,  a mí me inspira más, mucho más, esta escultura de Rodin.  Atendiendo a la formación de su autor –y a la naturaleza de su obra- deberemos prestar especial atención al simbolismo de los elementos que la componen, y a su interpretación específica dentro de la tradición masónica.  Daremos sólo algunos apuntes sobre cada uno de ellos porque un estudio en profundidad daría para varios libros… Y para toda una vida.

Así que deberás contentarte con algunos destellos, con algunas chispas…  Pero confío en que resulten suficientes para encender en tu interior el fuego que te conducirá a tu propia iluminación mediante la meditación contemplativa de esta obra de arte que es reflejo de cada uno de nosotros.

Vamos a ella:

¿Qué es la piedra bruta?  La materia pasiva, el ser humano en potencia, todo aquello que podemos llegar a ser pero todavía no somos, el conjunto de virtudes y dones que nos han sido concedidos pero todavía no hemos desarrollado.

Decía Germaine Necker que la felicidad es el desarrollo de nuestras facultades, y creo que no andaba muy equivocado.  De hecho, es ésta una idea que se repite una y otra vez en los representantes de la cadena áurea del pensamiento clásico-tradicional.  La piedra bruta puede –y debe- ser transformada, pulida, perfeccionada… Y eso nos hace felices.

Rodin parece decirnos que este proceso de desarrollo de potencial humano es un trabajo que debe desempeñar cada uno valiéndose de dos instrumentos imprescindibles: el cincel (la inteligencia) y el martillo (la voluntad).  Ambos son necesarios, de nada sirve el uno sin el otro…  Ni el otro sin el uno.

Comencemos por el último: el martillo.  El mazo o el martillo es imagen de la fuerza bruta, inconsciente, ciega…  Pero también de la voluntad ejecutora, de la energía obrante y la determinación moral de la que se deriva la realización práctica.  El martillo utiliza la fuerza de la gravedad de nuestra naturaleza subconsciente, de nuestros hábitos, de nuestros instintos y costumbres, para empujarnos tras nuestros objetivos.  Es, pues, un requisito indispensable para nuestro perfeccionamiento, pero requiere del cincel para no causar destrozos en la escultura…  ¿O acaso te parece posible tallar una bella obra de arte a base de martillazos?

No, para dar forma a la piedra bruta no basta con la voluntad, con la fuerza del martillo.  Éste requiere del cincel.  Éste último es el agente de la Voluntad celeste, la Inteligencia penetrando la materia gracias a la fuerza de la Voluntad, el propósito inteligente que rige la acción del martillo.

Existe una relación de interdependencia entre el cincel y el martillo, entre la inteligencia y la voluntad.  Se necesitan mutuamente para cumplir su función, y el éxito depende de su mutua concurrencia.  De hecho, la Inteligencia –el conocimiento de lo que uno puede llegar a ser- estimula a la Voluntad en pos de su realización…  Y, al mismo tiempo, la Voluntad resulta imprescindible para obtener un conocimiento capaz de desarrollar nuestra Inteligencia.

Dediquemos, pues, tiempo a desarrollar nuestra Inteligencia y Voluntad.  Dediquemos espacios y tiempos al cultivo de nuestra humanidad…  Y de la divinidad que ésta implica.  Tú escoges si quieres ser una piedra bruta…  O si prefieres colaborar con la Gracia Divina para llegar a ser aquello para lo que has sido traído a la existencia.  Puedes y debes hacer el esfuerzo, porque si tú no ocupas tu lugar en la historia nadie lo hará…  Y quedará un vacío irreparable…  También en tu interior.

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