Hoy es mi cumpleaños, 42 años ya.  Ya no soy un crío, aunque a ratos me sienta como tal 😉

Empiezo a acumular cierta experiencia y perspectiva, entiendo que es muy posible que haya pasado ya el ecuador de mi vida y, por eso mismo, cada 7 de agosto se convierte en una auténtica celebración de que estoy aquí, de que llegué y de que aquí sigo.  Hoy me gustaría compartir parte de esta celebración y reflexión contigo.

Cada 7 de agosto me alegra pensar en la generosidad de mis padres, que siendo todavía muy jóvenes se atrevieron a tener un hijo, renunciando a una vida que habría sido mucho más fácil sin mí.  Sin ese gesto, hoy no estaría aquí, así que también hoy rindo homenaje a todos aquellos que habéis preferido tener una criatura -con todos los problemas, preocupaciones y gastos que las acompañan- a tener una vida mucho más cómoda pero centrada sólo en vosotros mismos.  Ese amor y esa generosidad son la semilla de ese mundo mejor que todos soñamos…  Y esa misma generosidad debe regir nuestra existencia si queremos dotarla de felicidad y sentido.

Cada cumpleaños también me lleva a esas preguntas que nos acompañan toda la vida: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy?  Y cada año trato de darme una respuesta, de plantearme qué sentido tiene mi existencia, a qué estoy llamado, cuál es mi destino y si he tomado el camino correcto para llegar a donde -en el mejor relato de mi vida- estoy llamado a llegar.

Sí, cada cumpleaños se transforma también en ocasión de valoración de lo vivido.  Miro hacia atrás y, a la luz de las intuiciones y experiencias del último año, pongo en la balanza lo que he hecho con mi vida.  Mis aciertos y equivocaciones.  Las buenas decisiones, las que nunca tomé y las que habría sido mejor no haber tomado.  Trato de aprender de todas ellas y de componerme una imagen de conjunto para situarme en el mapa, para tener claro dónde estoy.

Porque para seguir adelante hay que saber dónde te encuentras, de dónde vienes y a dónde quieres ir.  Hoy, al soplar las velas de mi pastel, formularé el mismo deseo que cada año:  quisiera que este nuevo año que hoy comienza me haga crecer en humanidad, en luz y calor, y que éstos me lleven a donde debo ir ‘ad maiorem Dei gloriam’…  Llenando de luz y calor a quienes me rodean.  Y al soplar cada una de las velas, resonarán en mi mente los propósitos concretos que -como cada año- habré escrito en mi diario para tratar de desarrollar y llevar a cabo durante los próximos 365 días.

Al revisar lo que me propuse el año pasado, compruebo que he cumplido más de la mitad de lo que me había propuesto.  Lo que no he logrado no es un fracaso, sino un trabajo que exige más dedicación.  He vuelto a anotarlo como propósito para este año…  Y confío en disponer del tiempo necesario para alcanzarlo.

Hoy refiero celebrar los logros que llorar los fracasos.  Un año más vivido, un año más de experiencia, un año menos de vida…  Al menos, de esta vida.  Seguiremos construyendo quien estoy llamado a ser…

¡Gracias por estar ahí, celebrándolo de algún modo conmigo!

Seguimos adelante, haciendo camino al andar.

Ultreia!

Share This