Si hay unas palabras realmente mágicas, apuesto a que son: ‘Confío en ti, hazlo como te parezca mejor’.

Creo que pocas cosas me han hecho tanto bien como sentir la confianza de aquellos a quienes admiraba.  Cuando alguien a quien tienes por referente te dice que confía en ti, que delega en ti la toma de una decisión con absoluta tranquilidad, tus inseguridades se diluyen y dejan a la vista lo mejor de ti mismo que -en demasiadas ocasiones- permanecía oculto incluso para ti.

La confianza nos empodera, la desconfianza nos golpea y nos arroja a esa lóbrega celda de miedos e inseguridades de la que tan difícil resulta salir sin algún tipo de apoyo exterior.

Ojalá sepamos ser nosotros ese apoyo para los que sufren porque no han descubierto su potencial.  Ojalá tengamos una mirada profunda y limpia para ver en los demás lo que ni ellos mismos han descubierto todavía.  Ojalá seamos instrumentos de transformación, de crecimiento, de cambio, de ese desarrollo personal que cambia vidas, familias, organizaciones y sociedades.

Todo empieza por la confianza, por esa confianza que nos empodera porque nos hace enteramente humanos.

Confiemos y, si alguna vez esa confianza se ve traicionada…  Ojalá tengamos la entereza de seguir confiando…  Porque también nosotros a veces fallamos…  Y a veces también acertamos.

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