Las cuatro vías espirituales: jñana, bakhti, karma y tantra

Dicen los hindúes, que en esto de la espiritualidad tienen mucha experiencia, que existen cuatro grandes caminos espirituales: el camino del conocimiento (jñana), del Amor (bakhti), de la acción (karma) y la práctica esotérica de liberación (tantra).

Cada uno de nosotros tiende a sentirse más cómodo transitando por una de estas vías, por lo que para tener un encuentro con el Absoluto -y con uno mismo- resulta especialmente interesante acertar con el sendero que se toma para comenzar nuestro viaje iniciático.

Las cuatro vías se encuentran en la mayoría de Tradiciones espirituales

Este planteamiento no es exclusivo del hinduísmo, lo encontramos más o menos explicitado en las distintas corrientes o carismas que configuran la mayoría de tradiciones espirituales o religiosas.

De hecho, poco tienen que ver un Blaise Pascal con una Madre Teresa de Calcuta, o la vía de un dominico con la de un franciscano…  ¿O no?

Sadhanas: el camino no es la meta

No hay que olvidar que estamos hablando de sadhanas, de caminos espirituales, de senderos adecuados para una u otra forma de sensibilidad interior.  El sendero no es la meta, es un medio para llegar a la cima, y cuando uno ha alcanzado la meta resulta mucho más sencillo tener una mejor perspectiva de cada uno de los caminos, de la ruta que recorren y del punto de partida que tienen.  ¡Incluso es más sencillo transitar por la mayoría de ellos de bajada, de vuelta a la rutina!

Bakhti marga: una ruta apta para casi todos los públicos

Aunque ya he dicho que el carácter y temperamento interior de cada uno, su personalidad y sensibilidad interiores, son quienes determinan qué camino hacia el Absoluto -o senda espiritual- es el más adecuado para su viaje, mi experiencia me dice que hay uno de los caminos que resulta especialmente cómodo y transitable para la mayoría de mortales, porque nos remite a una experiencia que -gracias a Dios- es habitual y especialmente sencilla de percibir.  Me refiero a la experiencia del amor, y más concretamente, de sentirse amado.

Todos hemos tenido la experiencia, en algún momento de nuestra existencia, de sentirnos amados de forma desinteresada.  Ya sea por nuestros padres, por nuestros hermanos, por los abuelos, por algún amigo, por un maestro, por nuestra pareja, por nuestros hijos, por los nietos…  El amor llama al amor.  Sentirnos amados nos lleva a amar.  San Ignacio así lo experiementó y así nos invita a experimentarlo durante sus Ejercicios Espirituales.

Una intimidad

Voy a contar una intimidad.  Durante muchos años me he sentido especialmente cómodo transitando por el jñana marga y por la vía esotérica.  Tenía muy claro que estaba hecho para ese camino que me aportaba luz, claridad, experiencia y conocimiento.  Pero me daba cuenta de que mi espiritualidad era, por decirlo de algún modo, especialmente fría.  Era algo que me incomodaba cuando lo detectaba en autores como René Guénon, al que consideraba un auténtico iniciado…  Falto de calor, por no decir de corazón.

Cuando al cumplir los cuarenta años me fui al castillo de Javier -a realizar el mes de Ejercicios Espirituales Ignacianos- no esperaba lo que me iba a encontrar: una de las experiencias que acontecen durante esas irregulares cuatro semanas es la vivencia real y concreta de sentirte profunda, real e indiscutiblemente amado por Dios.  Y eso te desmonta, te purifica, te llena de un sano arrepentimiento por tus años de desamor y de un inconmensurable agradecimiento por todo lo recibido y por recibir.

Ésa es una experiencia profundamente Bakhti que te inunda y te cambia por dentro, que llena de corazón y calor tu forma de relacionarte con el Absoluto, le llames como le llames.  Te anima a amar (bakhti) y servir (karma) desde una visión profunda y clara (jñana) que te libera de todo condicionamiento adquirido (tantra) permitiéndote una práctica espiritual auténtica y personal.

Las cuatro vías se aproximan entre ellas

Los Ejercicios Espirituales Ignacianos, una práctica espiritual que recomiendo a todo el que quiere escucharme independientemente de sus creencias o increencias religiosas, me llevó al pleno convencimiento de que las cuatro vías de las que habla el hinduismo son reales pero se aproximan entre ellas -y hasta se entrecruzan- a medida que nos acercamos al centro del laberinto, a la cima de la montaña, a la experiencia auténticamente espiritual del encuentro con lo Divino y con nuestra Esencia.

Sin embargo, en mi caso, el detonante de ese encuentro no se produjo a través de la vía del conocimiento, de la acción o del esoterismo sino que fue el amor el que, con su calor, fundió los muros y permitió que los caminos se entrecruzaran y corrieran paralelos.  Lo he visto en otros casos, lo vivo a menudo.  El camino del Amor, de responder al Amor, de amar al Amor que nos ama, tiene una fuerza arrebatadora capaz de arrastrarnos al fondo de nosotros mismos y de la realidad como la más potente de las corrientes marinas.

Ojalá nos dejemos arrastrar porque, si lo hacemos, sentiremos que latimos al son del corazón del mundo…  Llenos de vida como nunca.

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