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Hay autores que se mueven de la luz a la sombra, y de la sombra a la luz.  Blake es, en mi opinión, uno de ellos.  Pero desde la luz y desde la sombra no deja de sorprenderme con la profundidad de su simbolismo, con la sensibilidad de sus versos, con la fuerza de sus grabados.

Quiero terminar la semana, además en Viernes Santo -conmemoración de la muerte en cruz de Jesús de Nazareth-, con un poema de William Blake sobre la Fe en el Amor de Dios que puede ayudarnos en los momentos de dificultad, de pérdida, de dolor, de angustia.  Dice así:

¿Puedo ver el dolor de otro

y no estar también afligido?

¿Puedo ver la pena de otro

y no buscarle consuelo?

¿Puedo ver la lágrima que cae

y no compartir el dolor?

¿Puede un padre ver a su hijo

llorar, y no llenarse de dolor?

¿Puede una madre sentarse y sentir

un lamento de niño, un temor de niño?

¡No, no! ¡No puede ser!

¡No puede ser jamás!

¿Y puede el que sonríe a todo

sentir el dolor del pajarito,

sentir la pena y la angustia de sus pequeños,

sentir las penas que sufren los niños?

¿Y no sentarse cerca del nido

derramando piedad en sus pechos,

y no sentarse cerca de la cuna,

y llorar sobre las lágrimas del niño;

y no sentarse día y noche

enjuagando nuestras lágrimas?

¡Oh, no!  ¡No puede ser!

¡No puede ser jamás!

Nos da a todos Su dicha;

se vuelve como un niño;

se vuelve compasivo;

también siente el dolor.

Piensa que no puedes ni dar un aliento

si el que te ha hecho no está contigo;

piensa que no puedes verter una lágrima

si el que te ha hecho no está cerca.

Oh, nos da Su dicha

que puede destruir nuestro dolor;

hasta que nuestras penas se hayan desvanecido

se sentará con nosotros y llorará.

Un buen texto para meditar hoy…  Y siempre.  Buen fin de semana.

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