Me apasiona la lectura, me entusiasman los libros.  Y no es algo nuevo, me sucede desde que soy un niño.  Es cierto que elijo con cuidado lo que leo porque mi tiempo es muy limitado, pero cada lectura es para mí un encuentro con hombres y mujeres excelsos que me susurran sus descubrimientos, sus ideas, sus anhelos…  Y despiertan los míos.

Leer a Platón, a E.F.Schumacher, a Guénon, a Elíade, a Javier Melloni, a Margaret Silf, a Stephen Covey, a Álex Rovira, a Ken Robinson, a Jordi Pigem, a Tony de Mello, a Pierre Hadot, a Ortega y Gasset, a Joan Chittister, a Teilhard de Chardin, a Panikkar,  a Arrupe o a cualquier otro es entablar un diálogo con ellos en un silencioso espacio de intimidad en el que sólo estamos ellos y yo.  Autor y lector conversando, escuchándose, reconociéndose, abriendo el alma y dejando que ésta se empape de la experiencia ajena.

Los libros son un encuentro con su autor, con las ideas de las que éste no fue más que un hábil transmisor y un encuentro, también, con el nuevo uno mismo que surge tras dejarse tocar por lo leído.  Porque un buen libro nunca te deja indiferente…  Te acerca, un paso más, a tu mejor tú.

Adoro estos encuentros, y todavía más cuando -como tantas veces sucede cuando el autor todavía vive- terminan convirtiéndose en un café compartido y en una amistad que enriquece mi vida y -quiero creer- también la suya.

Gracias por escribir, gracias por compartir, gracias por vuestra amistad y gracias por estar ahí.

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