libertad

Anhelamos la Libertad, pero no es fácil ser libre.  De hecho, no es fácil -ni tan siquiera- saber qué significa ser libre.

Recuerdo que, en mi adolescencia, pensaba que era libre si hacía lo que yo quería, si me marcaba mis propias normas (autonomía) y no me sometía a las normas de otros (heteronomía).  Pronto me di cuenta de que algunas de mis decisiones -supuestamente autónomas- no eran la fuente de mi libertad sino la consecuencia de mis múltiples esclavitudes y que, como tales, no me liberaban sino que me esclavizaban…  Cada vez más.

El tiempo me ha llevado a descubrir que la libertad no se encuentra en la heteronomía ni en la autonomía sino en la ontonomía, en el voluntario sometimiento a las normas de nuestra naturaleza más íntima, en la fuerza de voluntad para hacer aquello que más nos desarrolla, mejora y perfecciona.  Así nos lo indica la etimología del término libertad, del latín liber, que procede de la raíz indoeuropea leudh, que significa tanto crecer como liberar.  Sólo lo que nos hace crecer, florecer y desarrollar nuestra humanidad nos libera.

Por tanto, recuerda: ser libre no es hacer lo que quieras, sino querer hacer lo que debes para llegar al mejor de tus destinos.  Todo lo demás es necedad o esclavitud.

Qué necios somos, cómo nos esclavizamos.

Estamos a tiempo de tomar un nuevo rumbo, de conquistar nuestra Libertad a golpe de discernimiento y voluntad.

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