Hoy, en Barcelona, celebramos la fiesta de una de nuestras patronas: la Virgen de la Merced.  No es preciso ser católico para sacar provecho de ella, porque nos vincula con lo mejor -y más divino- del ser humano… Como sucede con la reflexión en torno a los boddhisatvas para quienes no son budistas.

Me explico: cuenta la tradición que la Virgen de la Merced -o de la Misericordia- se apareció el 1 de agosto de 1218 a Pedro Nolasco (quien sería fundador de la Orden de los Mercedarios), a Jaime I de Aragón y a Raimundo de Peñafort. Tres apariciones por separado para una misma petición: la constitución de una nueva orden con el carisma de redimir a los cautivos.

Hay que recordar que estamos en la época en que las guerras entre cristianos y musulmanes daban lugar al constante encarcelamiento de los prisioneros de uno y otro bando. Algunos presos eran capaces de soportar el cautiverio… Otros no. Los mercedarios se encargaban de intentar liberarlos, incluso cambiándose por ellos en más de una ocasión. Eso es misericordia, y lo demás son historias.

Los mercedarios, con el paso del tiempo y la desaparición de la esclavitud, tuvieron que recrearse adaptando su carisma a los nuevos tiempos: hoy siguen preocupándose por liberar a los cautivos de las nuevas esclavitudes, de esas cadenas -en ocasiones invisibles- que nos impiden ser nosotros mismos, viviendo con paz y alegría.

Hoy puede ser un buen día para meditar en torno a cuáles son las esclavitudes que nos atan, y si sobre si estamos poniendo nuestro grano de arena para liberar a los cautivos que sufren a nuestro alrededor. Hoy puede ser un buen día para empezar a ejercer de mercedarios.

Te deseo de todo corazón que disfrutes de un muy buen día… En libertad.

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