Hoy, que cumplo 43 años, quiero compartir contigo una canción que descubrí ayer -El viaje, de Conchita- y que habla sobre el viaje que es vivir desde el punto de vista de quien te da la vida.

Hoy -cuarenta y tres años más tarde- ya no soy el bebé que empezó un viaje que no había pedido ni merecido, sino que me fue regalado.  No, hoy también soy el padre de cinco soles que ya han empezado su propio peregrinar y viven con luz propia, iluminándome y caldeando mi corazón y mi mundo con su fuego.

Una canción para degustar de joven y de adulto, porque muestra con dulzura y claridad la perspectiva desde la que vemos el mundo como padres y como hijos…  Perspectivas que jamás deberíamos perder de vista…  Ni la una, ni la otra, en un mundo que no siempre es fácil pero que vale la pena transitar…  Y más aun, si lo haces bien acompañado.

Gracias, papás, por el regalo que es la vida, por vuestro cariño, por vuestros cuidados, por -como dice la canción- soltar mi mano pero no dejar de cuidarme de reojo.

Gracias, hijos, por permitirme disfrutar de la paternidad sin grandes sobresaltos, disfrutando de la maravilla de personas que sois y del regalazo que es acompañaros en este viaje.

Gracias, cariño, por ser el puente entre el que fui y el que soy, entre el niño y el adulto, entre el hijo y el padre.  No sería quien soy sin ti.  Gracias por estos veinticinco años juntos en los que me has acompañado -¡y de qué modo!- en este viaje que es el vivir.  Quiera Dios darme otros 43 años para seguir haciendo camino contigo y con todos aquellos que forman parte de nuestro día a día.  Queda mucho por descubrir y mucho por hacer.

Y gracias a ti, porque también tú formas parte de mis compañeros de travesía.  Tus comentarios, correos y transformaciones también forman parte del hermoso viaje que comencé hoy hace cuarenta y tres años y que -confío- podamos compartir durante muchos años y posts más.

Te dejo, que tengo un cumpleaños que celebrar. 😉

 

No sé si he hecho bien en traerte a este mundo de locos.
Yo quiero pensar que acerté y te sabré proteger.
No sé si he hecho bien, pero cuando te miro a los ojos
me salen escudos del pecho, te quiero morder.
No puedo decirte que vaya a ser fácil, a veces
los días se ponen tan tristes que pierdes la fe,
pero hay carreteras que bailan despacio,
colores que nunca podrás olvidar,
hay besos eternos que no se terminan,
y risas que nunca podrás comparar.
Miles de animales de todas las formas,
amigos que siempre te van a salvar,
un sol y una luna que nunca se olvidan
que todo este mundo tiene que girar.
Y en medio de todo, yo sé que habrá un día
en el que tu mano tendré que soltar
y ya, de reojo,
te intentaré cuidar.
No sé si he hecho bien en traerte a este mundo de locos,
ya quiero matar al primero que te haga llorar.
No sé si he hecho bien, pero cuando te miro a los ojos
el mundo parece más grande y yo puedo volar.
No sé si decirte que no va a ser fácil a veces,
hay tantos idiotas que ponen el mundo al revés,
pero hay carreteras que bailan despacio,
colores que nunca podrás olvidar,
hay besos eternos que no se terminan
y risas que nunca podrás comparar.
Miles de animales de todas las formas,
amigos que siempre te van a salvar,
un sol y una luna que nunca se olvidan
que todo este mundo tiene que girar.
Y en medio de todo, yo sé que habrá un día
en el que tu mano tendré que soltar
y ya, de reojo,
te intentaré cuidar.
Y espero que, al final, merezca la pena
el viaje que te regalo,
el viaje que te regalo,
el viaje.
Porque hay carreteras que bailan despacio,
colores que nunca podrás olvidar.
Hay besos eternos que no se terminan
y risas que nunca podrás comparar.
Miles de animales de todas las formas,
amigos que siempre te van a salvar.
Un sol y una luna que nunca se olvidan
que todo este mundo tiene que girar.
Hay voces enormes que llenan silencios
y cuentan historias que te ayudarán.
Miles de sonidos, millones de cielos,
el mar tan inmenso, la luz de un portal.
Y en medio de todo, yo sé que habrá un día
en el que tu mano tendré que soltar
y ya, de reojo,
te intentaré cuidar.
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