Hay canciones que pretenden ser espejos, que persiguen obligarnos a ponernos frente a nosotros mismos y preguntarnos con sinceridad: ¿soy yo, de quien habla esta canción?  ´Síndrome de Estocolmo, de Melendi, es una de ellas…

Si miramos a nuestra vida, ¿es ésta el fruto de nuestra esencia, de quienes somos en lo más profundo de nosotros mismos, de todo aquello que estamos llamados a ser?  ¿O más bien vivimos presos de nuestros miedos, de las opiniones y expectativas de los demás, repitiendo una y otra vez patrones que no terminan de llenarnos y que -sin embargo- no somos capaces de abandonar?  ¿Somos libres y felices…  O vivimos cautivos y sonreímos fruto del síndrome de Estocolmo?

Te dejo con la canción de Melendi…  Que la disfrutes y, si es preciso, te ayude a descubrirte y liberarte…

 

Amanece y los coches que ya obstruyen las arterias
De la gran ciudad que presa de la histeria
Se ha rendido a la rutina un día más
Corazones condenados en un mundo de creencias
Denostados entre religión y ciencia
Obligados a elegir sin despertar
El vagabundo que no es capaz de imaginar que alguien le quiera
La hija de dos borrachos que solo pudo ser enfermera
El abogado que, por seguir la tradición familiar
Abandonó el contrabajo y ahora no abandona el bar
Mírame y dime qué ves en mí
Da luz al camino
No dejes de ser mi espejo, que, aunque cruel sea el reflejo peor es estar ciego
Así que mírame dime qué ves en mí
Solo un prisionero de la envidia y de los celos
De los roles de los miedos, de culpas y apegos
Aunque yo sé muy bien que en el fondo
Todo es un síndrome de Estocolmo
Anochece y con el silencio se hace fuerte el ruido
Lo soñado, lo añorado, lo perdido se convierten en gigantes de cristal
Tercas huellas que confunden sin piedad al caminante
Las comedias son divinas cuando Dante pone en jaque a la tragedia universal
El vagabundo que no es capaz de imaginar que alguien le quiera
La hija de dos borrachos que solo pudo ser enfermera
El abogado que, por seguir la tradición familiar
Abandonó el contrabajo y ahora no abandona el bar
Mírame y dime qué ves en mí
Da luz al camino
No dejes de ser mi espejo, que, aunque cruel sea el reflejo peor es estar ciego
Así que mírame dime qué ves en mí
Solo un prisionero de la envidia y de los celos
De los roles de los miedos, de culpas y apegos
Aunque yo sé muy bien que en el fondo
Todo es un síndrome de Estocolmo
No me mira
Mírame y dime qué ves en mí
Da luz al camino
No dejes de ser mi espejo, que, aunque cruel sea el reflejo peor es estar ciego
Así que mírame dime qué ves en mí
Solo un prisionero de la envidia y de los celos
De los roles de los miedos, de culpas y apegos
Aunque yo sé muy bien que en el fondo
Todo es un síndrome de Estocolmo
Tú lo sabes todo
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