A menudo no somos conscientes de nuestras rutinas hasta que las vemos reflejadas en otras personas.  La semana pasada -durante un curso- una de mis compañeras explicó que cada domingo por la tarde ella, su marido y sus hijos, escogen una película y la ven juntos después de comer…  Con los móviles apagados.  Es ‘su momento’ familiar, que disfrutan como locos y esperan con ilusión durante el resto de la semana.

Su explicación revolucionó el aula.  Muchos pensaban que el establecer ‘rutinas’ hacía perder espontaneidad a las relaciones, otros no podían ni imaginar estar dos horas sin móvil o -aun peor- que sus hijos accedieran a estar dos horas sin móvil…

Liturgias familiares, ritos…  También yo los tengo, y no los vivo como una imposición sino como un espacio protegido, como unas prácticas que pones en un pedestal porque les das una importancia capital y no quieres que nada ni nadie te lleve a renunciar -por dejadez- a ellas, porque las consideras básicas para cuidar lo que más te importa.

Cada uno tiene sus propios rituales personales y familiares, y si no los tienes te recomiendo que busques qué es lo que realmente da sentido a tus jornadas y que lo protejas mediante una liturgia que puedas repetir periódicamente: la meditación de la mañana (y mejor si es leyendo este blog 😉 ); el despertar a tus hijos con un beso, recordándoles que ése puede ser un gran día; el prepararle el café a tu pareja y acercárselo a la cama como signo de matutino de cariño; el apasionado beso antes de irte de casa; el silencio a media mañana mientras te tomas un café; la cenita con tu pareja -sin niños- una vez por semana; la pizza y la película de los viernes; el paseo por el parque de los sábados; el desayuno ‘especial’ de los domingos; la comida mensual en casa de los abuelos…

Si hay cosas que te importan, cosas a las que otorgas valor, demuéstratelo y demuéstraselo a los demás protegiéndolas del ajetreo diario mediante la organización de toda la jornada alrededor de ellas, como si de la aguja del compás se tratara.  Si lo haces así, puede que un día no logres seguir tu ritual diario, es cierto…  Pero será la excepción, y no la norma.

Share This