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Aunque escriba diariamente en este blog, soy una persona introvertida a la que le cuesta compartir sus dudas y problemas.  Desde joven, trato de solventarlo todo por mi cuenta, en silencio, sin que se note, sin que los demás lo puedan percibir.  No me gusta cargar las espaldas ajenas con cargas que son sólo mías.  Así soy hoy, así he sido siempre.
Sin embargo, este fin de semana ha sucedido algo que me ha hecho pensar.  He tenido un problema informático complejo en mi ordenador particular, una incidencia que no pude solucionar hasta la madrugada de ayer.  Me pasé horas y horas buscando las causas del error y ensayando soluciones.  No había manera, no acertaba, el problema persistía.  Así que hice lo que suelo hacer cuando el problema informático me supera: buscar en los foros de frikis como yo, a ver si alguno se ha encontrado ante la misma dificultad.  Y, como siempre, eureka…  Lo encontré.
En ese momento de profunda ilusión, me di cuenta de algo que no había percibido hasta ese momento: busco solución a los problemas informáticos en la experiencia ajena y, en cambio, renuncio a ella cuando se trata de resolver un problema de carácter más personal.  No deja de sorprenderme lo estúpido de algunos de mis modos de hacer.  Habrá que ir cambiando…  Trataré de compartir mis dificultades con aquellos a quienes aprecio y admiro, con quienes probablemente ya habrán pasado por las mismas problemáticas que yo.  Nadie es tan original, no hay nada nuevo bajo el sol…  Pero sí mucha experiencia desaprovechada.
Ya os contaré cómo me ha ido…  Porque, si la cosa va bien, os la recomendaré.  😉

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