La vocación es uno de mis grandes temas.

A punto estuve de dedicarle mi tesis doctoral.

Pero, al final, no lo hice…

Seguí dándole unas vueltas más y -tras veinte años de estudios y reflexión- plasmé todo lo que había aprendido en un libro.

 

¿Qué libro?  Uno que se titula ¿Qué estudiar para ser feliz?’

Es el libro del que más ejemplares vendo cada mes.

Con diferencia.

Por algo será.

 

Puede que sea porque es muy bueno, que lo es.

Pero puede también que sea porque tenemos un sistema educativo que es una locura, en el que se nos hace elegir nuestro futuro profesional cuando todavía no tenemos ni idea de quiénes somos nosotros ni de cómo es el mundo.

Así nos va, con una altísima tasa de cambio de carrera -o de abandono de la universidad- tras el primer curso.

Muy triste.

Y muy preocupante.

 

Pero cuidado, que hay muchos que terminan sus estudios a golpe de esfuerzo y voluntad pero se encuentran en un puesto de trabajo que lo único que les aporta es un sueldo y una gran amargura.

Muy triste, también.

Y, también, muy preocupante.

 

Porque deberíamos ser felices.

También en el trabajo.

Se puede…  Si uno se encamina hacia donde se debe encaminar.

Siempre que uno tenga la oportunidad de elegir, claro está.

 

Para llegar a ese trabajo vocacional en el que uno se gana la vida haciendo lo que le gusta y aportando lo mejor de sí, hay dos caminos.

Dos caminos que te explico en mi libro.

Y lo hago así:

Existen dos caminos -distintos pero complementarios- para encontrar la vocación: el primero consiste en entregarse al silencio, la introspección y el autoconocimiento.  El segundo, en entrar en diálogo con quienes nos rodean y con las necesidades de nuestro entorno.

Sí, hay un viaje interior que nos conduce a nuestra vocación dialogando con quiénes somos y un viaje exterior que nos lleva a nuestro llamado conversando con los demás para descubrir qué necesitan de nosotros, cómo les podemos ayudar, amar y servir.

 

Escuchar lo que el corazón te pide o atender a las necesidades del mundo que te rodea, esa es la cuestión.

Una cuestión esencial.

Porque de ella depende tu felicidad.

El que tengas un trabajo con sentido en el que aportes lo mejor de ti mismo -de ti misma- a los demás, y que vivas bien haciéndolo.

 

Un hilo que una lo de dentro y lo de afuera.

Quién eres con lo que el mundo necesita de ti.

Tu vida con tu trabajo.

A ti con los demás.

 

Ya tardas.

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Descubre tu vocación.

Atrévete a perseguirla con cabeza y corazón.

 

Tú pon de tu parte.

Te sorprenderá de lo que es capaz el Universo para ayudarte.

 

Puede que también yo te ayude a encontrar tu vocación, en breve, con sesiones de acompañamiento de 60 minutos.

Si estás interesado, o interesada, escríbeme a contacto@quimmunoz.com

Sólo cuatro personas al mes.

Ni una más.

 

Te deseo que tengas un día fantabuloso.

Nos seguimos leyendo.

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