Aunque siga habiendo muchos países en los que el matrimonio concertado es todavía una triste realidad, para la mayoría de quienes participamos de este blog esta práctica es una reliquia de un pasado al que no nos gustaría volver.  Porque a nuestra conciencia y sensibilidad contemporánea le repele pensar que un tercero pueda escoger por ti con quién vas a casarte y a pasar el resto de tu vida.  Entendemos que debe tratarse de nuestra elección, acertemos o nos equivoquemos, consideramos que no puede imponerse una relación, que el matrimonio debe ser fruto de la libertad y del amor, y no de una planificación familiar ni de intereses sociales o económicos.  Esto lo tenemos claro.

Y, sin embargo, todavía en demasiadas ocasiones vivimos vidas concertadas, vidas que han escogido por nosotros, vidas que no amamos, vidas que nos hacen infelices…  Y no nos damos cuenta.  Aunque está claro que la familia y la sociedad en la nacemos condiciona quiénes somos y qué posibilidades tenemos de vivir, se trata de un condicionamiento parcial, no de una predeterminación.  Siempre tenemos un margen de libertad, si nos decidimos a ejercerla. 

Pero, para hacerlo, es preciso un trabajo de autoconocimiento, una firme voluntad y -en ocasiones- mucho valor.  Porque siempre resulta más fácil seguir la corriente que trazarse objetivos propios y encaminarse hacia ellos, siempre es más cómodo vivir como pasajero que tomar el volante de nuestra existencia.  Y, sin embargo, no hay auténtica felicidad sin libertad y valor.

Cuestiónate hoy tu vida, plantéate si la has elegido o te ha venido impuesta, si te hace feliz, si cambiarías algo, si es coherente con quien eres en realidad, si es el fruto de tu libertad o de la inercia…  Y, una vez hayas hecho esta reflexión, recuerda que al nacer se te hizo el regalo de la vida para que la hicieras tuya, y no para que otros te la quitaran y jugaran con ella.

Vive a tu modo, del mejor de los modos posibles para llegar a ser quien estás llamado a ser, y no te conformes con que otros -por muy buena intención que puedan tener- escojan cuál va a ser tu vida, cuál será tu destino, cómo será tu día a día.  Al renunciar a nuestra libertad renunciamos a nosotros mismos y a nuestra felicidad.

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