Cuando te dispones a escribir un post sobre tus intimidades, no es raro que surja un cierto pudor a exponerte y el miedo a que tu escrito pueda ser considerado una ‘lección en forma de artículo’ por parte de alguien que se considera por encima de sus lectores.  De hecho, alguna vez me han acusado de paternalismo en el comentario a un post, y no es agradable porque -como mínimo- te lleva plantearte de nuevo tus motivaciones.

Aunque yo soy el primero que me sonrío ante la imagen mental de un calvo promocionando crecepelo, un obeso mórbido promocionando una dieta infalible o un tartamudo anunciando un centro de logopedia, sé que no siempre es justa la afirmación de ‘médico, cúrate a ti mismo’…  Porque en ocasiones han empezado a buscar remedios ante su propia enfermedad (para la que ya era tarde) o bien están compartiendo un proceso en el que están inmersos y todavía no pueden apreciarse sus frutos definitivos.

Algo así sucede en el desarrollo personal y espiritual del que solemos tratar en el blog…  Es un peregrinaje que ocupa toda una vida, que te lleva por mil parajes y nuevos caminos.  Y lo que hacemos aquí es compartir camino y experiencias, en ningún caso damos consejos desde lo alto de la cima del Olimpo.  Estamos en lo mismo y nos enriquecemos con lo que vivimos…  Unos y otros…  Por eso son tan importantes vuestros comentarios.

Que nunca nadie diga en esta página: ‘Médico, cúrate a ti mismo’…  Y, si alguien lo dice, habrá que responderle: ‘en eso estamos. ¿Y tú?’   😉

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