No soy un mal tío, de verdad que no, pero a menudo miro sin ver.  Puedo pasar por tu lado sin darme cuenta de que estás sufriendo, puedo herirte con un comentario sin percibir el daño causado, puede molestarte mi silencio sin que tan siquiera me percate de tu disgusto.

Sin embargo, tengo un buen corazón que se conmueve ante la necesidad ajena, que tiende a pensar bien de los demás, que confía en la bondad de quienes me rodean, que es rápido para el perdón y para el olvido, que no tiene problema en ayudar a los demás…

Así que tengo un buen corazón, pero muy poca sensibilidad.  Estoy bien hecho, pero mal acabado…  Y en eso estamos, intentando ‘arreglarme’.

Gracias a Dios, estoy rodeado de personas maravillosas a las que ningún sufrimiento ajeno (interior o exterior) se les pasa por alto.  Personas que, ante el silencio ajeno, son capaces de leer en su corazón, de captar los sollozos de otras almas.  Y me lo hacen saber, me lo hacen ver.  Y eso me conmueve, y me mueve, y me hace ser más humano.  Tengo una familia que me hace ser mejor, y eso es todo un regalo.  ¡Qué maravilla es estar rodeado de personas que te ayudan a ser mejor, personas cuya mera compañía te permite llegar más lejos de lo que jamás llegarías con tus propias fuerzas o capacidades!

Ante eso sólo puedo decir: ¡gracias por existir!

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