Imagino que a lo largo de tu vida habrás tenido algún instante de lucidez, un satori, unos segundos en los que ves la realidad con claridad meridiana y sin velos…  Y te sorprendes ante la sencillez y evidencia de lo descubierto.

Esta mañana he tenido una de estas iluminaciones.  Ha sido sólo un momento, pero lo suficiente para formularme la pregunta que encabeza este post: ¿merece la pena morir por esto?

¿Y qué es ‘esto’?  Depende de la vida de cada uno, y del instante que analices.  Es una pregunta para plantearte -y responderte- a lo largo de toda la jornada, a medida que dedicas tu tiempo a una u otra cosa.

¿Vale la pena morir por esta relación?
¿Vale la pena morir por este trabajo?
¿Vale la pena morir por esta conversación?
¿Vale la pena morir por esta comida con amigos?
¿Vale la pena morir por esta lectura?
¿Vale la pena morir por este viaje?
¿Vale la pena morir por esta película, o por este programa de televisión?
¿Vale la pena morir por este rato jugando con mis hijos?
¿Vale la pena morir por visitar a mis padres?
¿Vale la pena morir por esta práctica religiosa?
¿Vale la pena morir por este rato de meditación?

…etc.

Tantas preguntas como actividades hagas en tu jornada.  Porque, y ahí va el instante de lucidez, todo el tiempo que dedicas a algo es tiempo que restas a tu vida, es tiempo que te aproxima a tu muerte y -por eso mismo, y de algún modo- cada vez que dedicas un tiempo a algo, estás muriendo -un poco- por eso que estás haciendo.

Y hay cosas por las que vale morir, pero hay otras…

Invirtamos cada instante de nuestra vida en aquello por lo que valga la pena morir, sólo así podremos decir -con nuestro último aliento- que hemos sabido vivir.

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