Como comentaba la semana pasada en el post ‘Año nuevo, vida mejor’, uno de mis objetivos para 2020 es el de ser mucho más transparente en mis relaciones, diciendo lo que pienso sin ocultar lo que me gusta o disgusta, sin represión pero con caridad.  Y es un objetivo porque no es fácil, porque es algo que me cuesta…  Y que puede que también te cueste a ti.

¿Por qué es tan difícil mostrarnos tal y como somos?

Ésta es una pregunta que me hago a menudo porque, fríamente, pienso que sería mucho más sensato y cómodo para todos el ser más claros y sinceros con quienes nos rodean…  Pero no lo somos, y las causas pueden ser diversas:

  • Por miedo al rechazo de no ser comprendidos, porque nos sentimos muy distintos a los demás y prevemos que -al no compartir nuestra posición- puedan distanciarse de nosotros.
  • Por miedo al conflicto, o al enfado ajeno, porque siempre es más fácil dar la razón a los demás que enfrentarse a ellos.
  • Por inseguridad, porque damos más importancia a lo que otros consideran que a lo que pensamos nosotros.
  • Por desconocimiento de nuestra propia intimidad, que nos lleva a acoplarnos al modo de ser ajeno para evitar tener que profundizar en quienes somos, pudiendo llevarnos algunas sorpresas.
  • Por apego hacia la alta valoración ajena, la otra cara de la moneda del miedo al rechazo.  Esto es, nos encanta que nos acaricien el lomo, y eso sólo lo logramos si hacemos lo que los demás esperan de nosotros.
  • Por interés egoísta, para lograr el aprecio y afecto ajeno con la torticera intención de obtener un rendimiento personal, económico, profesional o social de esa relación.

Lo miremos como lo miremos, ninguna de estas razones que nos llevan a falsear quiénes somos -puede haber más- proceden o conducen a un lugar que queramos tener por hogar porque, en todos los casos, nos supone hipotecar nuestra más íntima libertad.

¿Somos personas libres o camaleones sociales?

Cada vez que nos ocultamos para fundirnos con el entorno -una forma de protección como cualquier otra- estamos renunciando a defender nuestra libertad personal para convertirnos en camaleones sociales y, demasiadas veces, en dóciles mascotas de quienes nos rodean.

El problema de fundirse con el entorno es que uno mismo termina olvidando cómo es en realidad.  Como decía el Duque de la Rochefoucauld:

Estamos tan acostumbrados a llevar un disfraz delante de los demás, que al final no podemos reconocernos a nosotros mismos

Y si no lo olvidamos, puede que todavía sea peor.  Porque, en ese caso, estamos violentándonos constantemente al obligarnos a hacer o decir lo que no querríamos, ya sea por miedo o por interés.  Y eso nos rompe por dentro…  Y, al final, también por fuera.

¿Está mal visto mostrarte tal y como eres?

Puede que sí, que nuestra sociedad -y nuestras empresas- tengan en más alta estima al camaleón social que al ciudadano libre, porque éste resulta mucho más incómodo y peligroso.  Pero, como dijo con acierto Krishnamurti

No es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma.

Tengo el personal convencimiento de que los problemas que se dan en una sociedad (y la nuestra tiene unos cuantos) son la proyección de los problemas que se dan en el alma de cada uno de sus ciudadanos.  Así que, si sufrimos una sociedad en la que no podemos fiarnos ni de nuestra sombra porque la mentira se tiene por buena si ésta nos beneficia, tal vez sea debido a que la mayoría de nosotros actuamos de un modo similar y, o bien nos disfrazamos para obtener algo de los demás, o bien no nos mostramos tal y como somos por culpa de nuestros miedos…  Dando el poder a quienes no quieren que les lleven la contraria.  Terrible de cualquier forma, puesto que ese camino sólo conduce al suicidio personal y al abismo social y comunitario.

Sinceridad y mala educación

Uno puede ser sincero sin ser mal educado, uno puede dar su opinión sin ofender.  Como decían los clásicos: suaviter in modo, fortiter in re.  Esto es, es preciso mantenerse firme en los principios pero ser suave y delicado en el modo de comunicarse, expresarse y defenderse ante los demás.

No soy yo quien vaya a abogar por ser escrupulosamente sincero faltando a la caridad.  Si tu amiga te pregunta cómo la ves, no es de recibo que le contestes: pues mira, parece que has engordado, tienes ojeras, el maquillaje te sienta como a una muñeca pepona, tu pelo parece un estropajo y -además- hueles a pachuli que tira para atrás.  Probablemente bastaría con un: veo que te has arreglado, aunque se nota que estás cansada…  ¿Qué te pasa, algún niño enfermo?  

Pero, gracias a Dios, nuestra sinceridad y transparencia no suele verse puesta a prueba de este modo.  Más bien en otras pequeñas cosas que, gota a gota, pueden ir llenando nuestro vaso hasta agotar nuestra paciencia…  O la de los demás.

5 pasos para empezar a ser nosotros mismos

Comenzaba este post diciendo que no es fácil ser uno mismo.  Por eso mismo, creo que estos tres simples pasos resultan de gran ayuda para empezar a cambiar:

  1. Plantéate seriamente si sueles ser sincero y transparente o si, por el contrario, eres un camaleón social.
  2. Si eres un camaleón social, es preciso que busques -y encuentres- cuál es el motivo que te lleva a ocultarte ante los demás.  Sólo conociéndolo podrás vencerlo.
  3. Ante cada interacción con los demás, evita las reacciones automáticas.  Permítete actuar con más lentitud, presencia y conciencia.  Y, antes de contestar, pregúntate qué motiva la respuesta que vas a dar y si ésta nace de la libertad, del interés egoísta o de un condicionamiento que te impide ser tú mismo.
  4. Si consigues reaccionar desde la libertad, disfruta de la experiencia y observa las reacciones de los demás.  Si, por el contrario, no te resistes y vuelves a fundirte con el fondo, pregúntate por qué no has sido capaz de resistirte y busca el modo ‘práctico’ de lograrlo la próxima vez.
  5. No dejes de seguir los cuatro pases anteriores nunca, triunfes o caigas, porque la transparencia -como cualquier virtud- también se pierde si no se practica cada día.

Pues nada, ahí estamos, caminando por terminar el año más sinceros y transparentes de lo que lo hemos empezado.  A ver si lo logramos.  😉

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