La voluntad no basta, no es suficiente con querer algo para lograrlo…  Por mucho que diga la psicología positiva.  La voluntad es un medio que ayuda, pero no es suficiente porque nadie puede dar aquello de lo que carece…  Por mucho que lo desee.

Si tu interior es una bomba de relojería, podrás escribir sobre la paz y el sosiego, pero no lograrás crear un ambiente sereno a tu alrededor.  Si a menudo cultivas la ira y el resentimiento, no serás capaz de perdonar por mucho que te lo propongas.  Si dejas que tus apetencias campen a sus anchas, no serás capaz de contenerlas el día que te convenga hacerlo…  Nadie da aquello de lo que carece.

Cultivemos experiencias de lo que queremos ser, de cómo queremos ser.  Cada vivencia -por pequeña que sea- nos transforma, y la práctica repetida se vuelve más fácil, se transforma en virtud y nos hace señores de nosotros mismos.

Hay que sembrar la semilla de quiénes queremos ser, regarla y preocuparnos por su crecimiento.  Ese cuidado constante nos dará un conocimiento, una experiencia, una práctica y un señorío de nosotros mismos que nos permitirá tomar el timón de nuestra existencia para tratar de navegar, en medio de la vida y de las tempestades, hacia el puerto que nos propongamos…  Sin ser arrastrados hacia las rocas como cualquier embarcación a la deriva.

Si queremos una vida con sentido, con dirección, con una meta, una vida en la que nos entreguemos a los demás…  Primero debemos ser dueños de nosotros mismos…  Porque nadie puede dar aquello de lo que carece.

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