¿A qué llamo tener una Idea (con mayúscula)?

Puede parecerte extraño ver escrita la palabra Idea con mayúscula.  Lo entiendo, y que me perdone la ortografía.  Pero en ocasiones es preciso saltarse las normas para ser fiel a la realidad.

Hay ideas (con minúscula) e Ideas (con mayúscula).  De las primeras, tenemos miles cada día.  Pensamientos fugaces, ocurrencias, que vienen y marchan sin parar, en muchas ocasiones de modo inconsciente.

Después están las Ideas, las que escribo con mayúscula.  Éstas, rara vez llegan solas, sin ser cultivadas o trabajadas.  Ocurre en ocasiones, pero es excepcional.  La Idea es un pensamiento, una luz o una visión, que transforma tu forma de ver y de entender tu mundo y tu propia existencia.  Una experiencia de comprensión que te resitúa, que cambia tu posición y tu perspectiva de modo que nunca más vuelves a ver las cosas como antes…  Porque ya no eres el de antes.

 

¿Cómo gestar una Idea?

Las Ideas, como decía, alguna vez llegan sin avisar.  Al menos, eso dicen…  Pero a mí no me ha pasado.  Mi experiencia es que las Ideas -para alcanzarnos- requieren tres cosas:

  1. Que les hagamos espacio en nuestro interior
  2. Que abramos la puerta de nuestra alma para que nos fecunden
  3. Que le demos los cuidados necesarios durante su gestación para que las demos a luz y no las perdamos por el camino

 

Hacer espacio interior

Si nuestra mente y nuestro corazón están llenos de cosas, de pensamientos y de preocupaciones, no habrá espacio para nada más.  No sé tú, pero yo he tenido muchas épocas en mi vida en las que me sentía embotado por dentro…  Épocas en las que parece que tu mente y tu alma son como una olla a presión a punto de estallar.  En esa situación, no cabe Idea alguna…  No cabe nada.

Es preciso hacer sitio, soltar, vaciar.  Y eso se logra a través de los tiempos de silencio, de meditación de oración.  Acallemos nuestro día, apaguemos la radio y la televisión, controlemos nuestras conversaciones superficiales e insulsas… Regalémonos, al menos, quince minutos diarios de no hacer nada.  De pasear o estar sentados en una silla en silencio, prestando atención -solamente- al ritmo de nuestra respiración.  Así de sencillo.  No es preciso nada más para que se opere la magia.  Verás como -poco a poco- tu mente se sosiega y te pide más tiempos de paz, sentirás que comienzas a percibir cosas que te pasaban por alto, descubrirás un mundo (interior y exterior) que hasta ahora te pasaba inadvertido…  Relativizarás la importancia de muchas cosas, y descubrirás la especial trascendencia de otras muchas…  Sin saber como, sólo mediante un tiempo de silencio, respiración consciente y paz, habrás hecho espacio, habrás posibilitado un ‘lugar’ para el encuentro con las Ideas.

 

Abrir nuestra alma para ser fecundados

De nada sirve tener una habitación libre en la posada de nuestra alma, si tenemos la puerta cerrada a cal y canto.  Las ideas (con minúscula) actúan como cerrojos para evitar que abramos la puerta a las Ideas.  ¿Por qué?  Porque saben que al llegar el patrón, deja de mandar el marinero.  Y ahora mismo, muy probablemente, somos guiados y gobernados por pensamientos de los que no somos ni tan siquiera conscientes.

La apertura supone disponibilidad, aceptación del cambio, de la pérdida de quienes somos…  Y eso exige una humildad que no siempre es la principal de nuestras virtudes.  ¡Qué difícil es aceptar que no somos la mejor versión de nosotros mismos!  ¡Cuánto nos cuesta reconocer que, tal vez, hemos llevado nuestra vida por caminos que no eran más adecuados!

Por eso, mi recomendación, es que uses una palanca para abrir -y mantener abierta- esa puerta.  ¿A qué me refiero?  A que a mí me ayuda, y mucho, el leer textos sagrados, textos filosóficos, escritos de auténticos maestros de vida que -de algún modo- han vivido en conexión con la Fuente de la que brotan las Ideas.  El contacto con su experiencia y pensamiento, al menos en mi caso, fuerza la cerrazón de mi alma y crea una brecha por la que puede colarse la Idea.

De hecho, ¿qué te crees que es este blog sino la plasmación escrita de la experiencia de forzar mi puerta interior, con la confianza de que mis ‘palancas’ te ayuden también a ti a abrir la tuya y mantenerla abierta?

 

Los cuidados durante la gestación de la Idea

Una vez hecho el espacio y abierta la puerta del alma, hay que dejarse fecundar y permitir que la semilla crezca en nuestro interior.  Verás cómo una frase, una palabra o una imagen te resuena, te remueve y -poco a poco- va creciendo en tu interior.  Si quieres que dé fruto, es preciso que sigas dedicándole tiempo y cuidados, atención y cultivo.  No dejes los tiempos de silencio, y compleméntalos con tiempos de reflexión y de contemplación.  Pon la mente y el corazón a trabajar sobre ese susurro que sientes en tu interior.  Verás como va creciendo, como se va desarrollando…  Y un buen día, sin previo aviso, irás de parto… ¡Parirás la Idea que se ha ido fraguando en tu interior y ella lo cambiará todo!

 

Vivir conforme a la Idea

La Idea que des a luz te iluminará.  Unos lo llaman satori, otros inspiración, puedes considerarlo el descubrimiento de tu vocación o esencia, puedes pensar que se trata de una gracia especial…  No importa.  Le des el nombre que le des, y lo conceptualices como lo conceptualices, la Idea te pone en contacto con algo que está más allá de ti mismo y que, sin embargo, te conecta con tu esencia y con todo lo demás.  La Idea da sentido, dirección, esperanza y alegría a tu vida.  Sin embargo, como todo, es preciso mantenerla con vida y no permitir que desfallezca por falta de cuidado.

La Idea te da Vida, pero también tú debes mantenerla viva…  En un círculo que se retroalimenta sin parar y que es importante cuidar porque, te voy a hacer la pregunta maldita: ¿que duele más: no tener lo que nunca has tenido, o perder -por dejadez- lo que has tenido y consideras lo más valioso de tu existencia?

Que busques tu Idea, que encuentres tu Idea, que vivas tu Idea, que crezcas con tu Idea…  Y que nos enriquezcas a todos con ella.

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