¿Quién cogería un tren de alta velocidad sin saber a dónde conduce?  ¿Quién lo haría sin plantearse si quiere ir a ese destino, en caso de conocerlo?  Pues lo hacemos cada día con nuestra vida, nos dejamos arrastrar por las circunstancias, actuamos como autómatas, corriendo de un sitio para otro…  A tal velocidad que incluso el paisaje -nuestro día a día- se convierte en un borrón que no podemos identificar, contemplar y -mucho menos- disfrutar.

Mucho me temo que algunos de nosotros no es que no hayamos encontrado la felicidad, es que hemos pasado tan rápido por su lado que no hemos sabido identificarla…  Y esto es triste, muy triste.

Pero hay solución: basta con detenerse de vez en cuando y mirar alrededor.  Hay que volver la mirada al pasado para saber de donde venimos, al futuro para saber a donde nos queremos dirigir…  Y al presente, para saber a dónde nos dirigimos en realidad.  Y, si es preciso, hay que variar el rumbo…  De este acto de valentía depende nuestro éxito vital, el encuentro con nuestro destino y el encuentro con la felicidad.

Me parece ocurrente la anécdota que narra James Truslow Adams en su escrito «The tempo of modern life»:

Un amigo mío, un distinguido explorador que pasó un par de años entre los nativos del alto Amazonas, intentó una vez una marcha contrarreloj a través de la selva.  El grupo anduvo a una velocidad extraordinaria los dos primeros días, pero en la tercera jornada, a la hora de partir, mi amigo descubrió a todos los nativos sentados en cuclillas, con aspecto muy solemne, y sin hacer preparación alguna para salir.

«Están esperando -explicó el jefe a mi amigo-.  No se pueden mover más hasta que sus almas hayan alcanzado a sus cuerpos».

No me puedo imaginar mejor ilustración para nuestra situación actual.  ¿No hay manera de dejar que nuestras almas, por así decirlo, alcancen a nuestros cuerpos?

Hago mía la pregunta de James Truslow Adams, y termino este escrito con una invitación a que nos detengamos unos minutos, cada mañana, para reencontrarnos con nuestra alma…  Comenzando el día de otra manera…  Bañados por ese Espíritu que es Vida, y vida en abundancia.

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