No sé si te habrá pasado alguna vez, pero debo confesarte que yo sí que me he sorprendido en alguna ocasión rogándole a Dios una vida fácil, cómoda, serena, sin problemas…  Y, tan pronto me he descubierto en mi flaqueza, me he reído de mí mismo y he cambiado mi oración para solicitar fortaleza.

Porque no hay vida fácil, no hay mar calmo.  En toda vida hay problemas y tempestades.  La vida es así y no la vamos a cambiar…  Pero podemos aprender a navegar pese a los vientos y los oleajes.  Ésa es mi oración, ése es -en mi opinión- el camino que conduce a la felicidad.

Aprender a vivir en medio de la realidad, no alienarnos de ésta soñando mundos imposibles.

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