Hace ya muchos años tomé la firme decisión -nacida de un instante de claridad interior- de nunca, jamás, escribir contra nadie.

Siempre que puedo, escribo en positivo, justificando, tendiendo puentes.  Si no, mejor callo.

Puede que haya quien lo tome como un acto de cobardía, como el silencio de los buenos.  Ni mucho menos.  Nada más fácil, al menos para mí, que escribir desde las vísceras para tratar de aniquilar al oponente.  Pero eso no es un acto de servicio, eso es una reacción violenta…  Aunque sea de violencia literaria…  Y no quiero que eso vaya conmigo.

De hecho, cada vez discuto menos (y nunca he sido de mucho discutir)…  Incluso cara a cara.  Del diálogo surge una mayor Verdad, de la discusión, no.  Así que, ¿para qué?  ¿Para imponernos sobre los demás?  ¿Para ‘demostrarles’ su error?  ¿Realmente crees que alguien cambia de posición porque le venzas en un debate? ¿No lo sentirá, más bien, como un ataque que ha dañado su orgullo al poner de manifiesto la debilidad argumentativa de su posición?  No, mi experiencia me dice que no lleva al cambio…  Sino al cabreo.

Tan claro lo tengo que, por no atacar, trato de no atacar ni las ideas.  Prefiero intentar arrojar luz sobre ellas, clarificarlas, diseccionarlas, dar las claves interpretativas que a mí me resultan útiles…  Y que cada uno vea lo que pueda ver, en ese momento de su vida, desde su perspectiva existencial…  Y, si quiere, que lo comparta.  Y si no, que se lo guarde para sí, que ambas posturas son igual de respetables.

Escuchar, escuchar mucho y con respeto…  Y no escribir contra nadie, ésa es una de mis formas de amar.  Y, como todo amor, a veces duele.  Porque hay quienes nunca callan, quienes escriben contra los demás, quienes se autoproclaman oráculos de la verdad, quienes condenan -a todos los que piensan distinto- al fuego eterno…  Y cuesta no enfrentarse a ellos…  Cuesta de cojones.

Sin embargo, quiero seguir creyendo que el amor y la comprensión son armas mucho más poderosas que el odio y el enfrentamiento…  Quiero seguir soñando en un mañana de comprensión y abrazos… Y no de vencedores y vencidos.

Ojalá no me equivoque.

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